CUENTO PARA MAMÁS: ERASE UNA VEZ ESE MIEDO

wpid-img_281256734981770.jpegÉrase una vez una niña que, sin saberlo, ni quererlo, ni mucho menos imaginarlo, se hizo la protagonista de ese extraño cuento en el que todos,de una manera u otra, somos protagonistas.
La gran mayoría de la gente no lo sabe, pero eso que llamamos vida no es mas que un cuento que se escribe en el mismo momento en el que se nace. ¿Y quién lo escribe?  pues este lo escribió precisamente esa niña de la que te voy a hablar.
Este tipo de cuentos no siempre se escriben en primera persona… El principio, por ejemplo, se  escribe en tercera persona, a través de la voz – y los ojos – de esa autora que crea sus ilusiones, fabrica sus risas y hace  más fácil todo. Esa que, también, deshace todos los miedos para que el cuento sea hermoso, y no de terror… Al menos en esas primeras hojas.
No voy a ponerle nombre a esa niña, porque tampoco lo necesita, ni cara, ni siquiera voz… Tan solo voy a dejar que ella misma, con el paso de estas letras que leas, vaya presentándose, y la vayas conociendo.
Seguramente notarás que este cuento no difiere mucho del tuyo, y es que, al final de cada historia todos terminamos dándonos cuenta quesomos más parecidos de lo que nos empeñamos en negar.
A esta nuestra protagonista  nada le importaba ser “mora” – como muchos la llamaban, como si su nombre no fuera el realmente importante – ni no ser más o menos rubia, ni ser más o menos alta, ni siquiera tener más o menos dinero… A ella, en esa parte del cuento, sólo le gustaban sus amigos, su familia, y ese pueblo tan lejano del lugar donde un día nació.
Esta nuestra amiga no era mas que una niña normal, de esas que llamarías del montón, es decir, de esas que abundan: una niña bonita como tal. No tenía grandes ojos azules, ni largos tirabuzones rubios, ni siquiera elegante ropa de diseño… Ni la necesitaba. El encanto de esta niña residía en el simple hecho de eso, de ser una niña de las muchas que jugaban por las tardes en las plazas de Sevilla La Nueva.
Empezamos otra vez ¿vale?
Érase una vez una niña que tenía un inmenso tesoro. Ese tesoro tenía muchos nombres… Su papá, por ejemplo, lo llamaba esposa. Su prima lo llamaba “tita”; su abuela lo llamaba hija, y ella y sus hermanas lo llamaban  mamá. Hasta ahí todo normal ¿verdad? Pero esta nuestra amiga no era una niña normal, como tampoco lo era su mamá… ¡Como no son ningunas de las mamás!
Nuestra amiga, a sus siete años, no tenía miedo a nada. Si acaso, a las arañas grandes… Y solo si eran exageradamente grandes, o tenían pelo. Esas le daban auténtico pavor. En cambio su mamá, que ya era bastante mayor, más incluso que su adorada maestra,  sí que tenía miedo… ¡Y mucho!
En realidad, parecía tener miedo de todo, y eso era algo que le llamaba mucho la atención a nuestra joven amiga.
Lo que no sabía la inocente niña era que todos los miedos que tenía su mamá eran precisamente causados e inducidos por ella,  y sería precisamente nuestra propia protagonista quien, poco a poco, con eso que llamaban el paso del tiempo, tendría que ir apartándolos.
¿Cómo? – se preguntó la pobre niña al descubrirlo – ¿qué podía hacer ella para que su mamá no tuviera tanto miedo, para que fuera una valiente como ella?
Su mamá nunca quiso contestarle porque tampoco quiso nunca mentirle (sus mentiras no fueron más allá de la existencia de ese ratón que dejaba dinero bajo su almohada) y prefería quedarse ella con todos los miedos… Sabía que deshacerse de ese miedo, el más terrible de todos, significaría entregárselo a su pequeña, y eso era lo último que quería en ese mundo, o cuento, o como quieras llamarlo.
Los miedos de mamá sólo irían desapareciendo conforme esa niñita fuera creciendo, y ella aún era muy joven para poder entenderlo. Ni siquiera su propia mamá, que ya había pasado por eso mismo por lo que ella estaba pasando, sabía muy bien cuándo desaparecerían. A ella misma le pasaba aún igual con su mamá, esa a la que la niña llamaba abuelita, y que aún seguía enfocando todos sus miedos en ella, en esa hija que nunca terminaba de hacerse lo suficientemente mayor como para valerse por sí misma.
La abuelita, cuarenta años después de que naciera su mamá, aún seguía temiendo por su hija, como cuando era una niña, como lo era ahora su nieta. Curioso… ¿verdad?
Como todos los cuentos su protagonista fue viviendo aventuras, unas más aburridas que otras, y conociendo a gente, una más interesante que otra, y llegó el día en que tuvo que decir adiós a su abuelita, que ya se había cansado de tanto miedo, y se fue al lugar donde sólo había amor… Todo ese que ella misma había estado sembrando a lo largo de su propio cuento, o vida, o como quieras llamarlo.
Mamá siguió con sus miedos – aunque ya no parecían los mismos – y ella, nuestra protagonista, conoció el miedo al fin. Ese miedo – por fin lo pudo entender – era el más maravilloso del mundo, y necesario… Aunque, en realidad, no debería llamarse así. Eso no era miedo,  sino amor… AMOR DE MADRE, y es el miedo más maravilloso del mundo.
¿A que tú también lo tienes?
Felicidades.

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Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

5 comentarios sobre “CUENTO PARA MAMÁS: ERASE UNA VEZ ESE MIEDO”

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