EL SÁBADO, NO HAY SOLO FÚTBOL

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La madrugada del próximo sábado 24 de mayo, algo nuevo caerá del cielo. Se trata de unalluvia de meteoros nunca vista, llamadaCamelopardalis por la constelación de donde procede (la Jirafa), que podría dejarnos cientos de fogonazos a la hora en el cielo. Muchos de ellos serán grandes y brillantes, posiblemente más que Venus, como unos breves fuegos artificiales de origen natural. El responsable de este regalo es el cometa 209P/LINEAR, que pasa cerca de la Tierra este mes y deja su rastro de escombros. Aunque la roca ha ido perdiendo material por el camino y es improbable suceda, los astrónomos no descartan que se produzca lo que se llama una «tormenta de estrellas», cuando más de mil iluminan la noche cada hora.

El sistema Slooh de telescopios terrestres conectados a internet retransmitirá en vivo el fenómeno y el paso el cometa mientras se acerca a nosotros en su órbita, desde el Instituto de Astrofísica de Canarias, a partir de la medianoche del viernes (hora peninsular española). La cobertura en vivo de la nueva lluvia de meteoros se producirá desde las 5.00 horas. Los espectadores pueden ver la retransmisión gratis y hacer preguntas utilizando el hashtag #Slooh en Twitter .

Marcel-Clement: sol sobre las olas

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PARA LOS RACISTAS

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ALBERTO FERNÁNDEZ CORREA, EL ÚLTIMO MONDERO. ¡OLE POR LA GENTE CON IDEAS!

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Se llama Alberto Fernández Correa, y es el último mondero que queda en nuestra zona tropical.
Alberto es escultor de piedra de profesión, y un día se dio cuenta de que en la Costa Tropical, después de la última zafra (recolección de la caña de azúcar), no existía ningún reducto en el que observar la peculiaridad de ese cultivo que hizo al litoral granadino ser único en Europa y casi en el mundo.
Entre escultura y escultura, las manos fuertes y la mente inquieta de Alberto se dedicaron a construir un trapiche eléctrico, es decir, una máquina capaz de extraer zumo de la caña de azúcar. Con este artilugio se fue por ahí y triunfó en ferias de la vecina Francia. Este joven se dio cuenta de que la originalidad de este cultivo deja embelesado a cualquiera y volvió a Motril pensando que podría recuperar la caña de azúcar en una pequeña plantación de verdad, para mostrar la esencia sobre el terreno.
Alberto se ha buscado la vida para hacer resurgir, por primera vez, la caña de azúcar como atractivo turístico para la Costa Tropical. Hasta ahora, nadie había dado pasos significativos para volver a sembrar este cultivo que desapareció en 2006, por ser poco rentable, y que dejó las cabezas cargadas de recuerdos en forma de álbum de fotos.
«Yo tengo las imágenes de la zafra… la veía de crío, pero he tenido que formarme, leer mucho y preguntar a los que saben», dice este chico motrileño que ha recorrido las vivencias de muchos monderos (los que cortaban la caña) de verdad.
Los mayores de municipios como Motril y Salobreña se emocionan al recordar aquellos tiempos en los que todos vivían de la caña. La brisa movía las pavesas en la zafra y los ingenios azucareros sacaban algo muy dulce de tanto esfuerzo.
Alberto Fernández no ha querido que se pierda esa tradición y la ha convertido en ‘agroturismo’ una tendencia que viene pegando fuerte en el sector.
Sin haber pisado nunca una zafra real, Alberto, vestido de mondero, reproduce a la perfección el corte de las cañas. «Era una tarea durísima», recuerda este joven que ha vivido esta labor por primera vez, cuando ya había desaparecido de las vegas del litoral granadino.

nuevo disco de THE BLACK KEYS

A ver qué tal. No suelen fallar

EL OLOR DE LA ALMADRABA

wpid-img_87496890261220.jpegHay días, en la vida de la gente, que todo se vuelve del mismo color que su estado de ánimo. Eso pasa en ese triste y silencioso barrio… Alguien ha dejado caer las nubes sobre el pueblo a drede, como el que deja las llaves sobre una mesa, y todo ha cambiado. La gente no lo sabe, pero las nubes siempre traen tristeza a los pueblos donde el mar se mezcla con las calles… ¡Siempre!
En ese pequeño pueblo almadrabero no son más de las cinco de la tarde, y en una de sus casas, una casa vieja, pequeña, y con humedades en las paredes, la tristeza del cielo ha pintado también las paredes de la casa. Sobre una pretérita cama de colchón de espuma descansa un deteriorado cuerpo femenino por donde un día paseó la vida. Junto a ella, almas sin cuerpo buscan el invierno en una primavera donde ya florecen los primeros dolores otoñales… La maldita muerte se acerca otra vez.
– Juan… Juan… – solloza la moribunda mujer, con una voz casi tan apagada como la propia vida que se le escapa.
En la oscura habitación de paredes verdes y agrietadas, la madre de unos hijos reunidos, hace sus últimos esfuerzos por llevar aire a sus pulmones, pero estos ya han dejado de funcionar.
– Juan… Juan – repite una y otra vez, de forma casi ininteligible, mientras jóvenes, y no tan jóvenes, esperan en la penumbra sin atreverse a penetrar en el haz de luz que les haga presentes.
Nadie mira a nadie. Nadie dice nada, todos miran a esa cama donde todos han dormido alguna vez en su vida, y todos recuerdan momentos tan alegres como lejanos.
Alguna mano se posa en un hombro cercano, y aprieta sus dedos, sin querer, sin ser consciente de estar haciéndolo, y quien lo recibe calla su dolor, y comparte el miedo.
En esas paredes lloran padres, madres, hermanos, hijos, primos, sobrinos… Sólo los nietos, ajenos a todo, como dicta su edad, ríen fuera, en el patio.
– Tranquilos – dice el doctor, recogiendo sus cosas – no está sufriendo
– ¿Que no está sufriendo? – piensa el mayor de todos los hijos – lleva sufriendo treinta y dos años.
Fue precisamente Juanillo, el que se deshizo de la mano sudorosa de su esposa y se acercó hasta su madre.
Todos le miran acercarse, y todos observan el emocionado temblor de sus manos. Tanta emoción hace que escape alguna lágrima contenida hasta entonces por una presa incapaz de soportar tanta marejada de tristeza.
Ante la perpleja mirada de los demás Juan desabrocha los primeros botones de su camisa y acerca el pecho desnudo a la cara de su madre.
Nadie entiende lo que está haciendo. Ni siquiera su atónita esposa, y mucho menos sus dos hijos, que le miran como el que mira a un loco. Pero él se siente bien por fin al saber que acaba de saldar una deuda pendiente desde hace muchos años. Lo sabe
porque sólo él siente cómo su madre aspira por última vez.
Cogiéndole la mano, nota cómo aprieta con las pocas fuerzas que guardaba. Juan la mira emocionado porque ve sus ojos abiertos por
primera vez en los últimos días. También observa una lágrima surcar por entre sus frías arrugas.
– Gracias – dice la madre esbozando una mueca a la que se podría llamar sonrisa. Y sus ojos se cierran para siempre.
Para mayor zozobra Juan recibe un nuevo latigazo al presenciar con los ojos del alma cómo su madre, la persona más importante de su vida, ya no está.
Todos lloran. Hay algún grito, y Juan retrocede en el recuerdo treinta y dos años atrás, cuando su padre desapareció en “la mar” y ella se quedó sola con treinta y pocos años, y otros doce repartidos en tres cabecitas rubias y una morena y con coletas.
Dos de esas cabezas ya están sin pelo. Las coletas, por suerte, persisten, aunque su color no es el mismo.
Mar – su nombre dejó de gustarle desde ese día – estuvo toda la tarde delante de la ventana, observando el cielo. Pero no lloró. Tampoco durmió esa noche. Concilió el sueño la segunda noche, madrugó y entonces sí lloró,
y sobre todo, pensó en él. Porque no podía pensar en otra cosa, porque no
sabía. Y eso dolía, dolía mucho.
Así fue día tras día, mes tras mes… año tras año, luchando por ser fuerte. Por lo menos lo pareció.
Durante el día era una mujer llena de vida, de amplias sonrisas pero sin aspavientos. Jamás le oyeron una carcajada pero tampoco privó a sus hijos de que las dibujaran por todas las paredes de la casa.
Por las noches era un espíritu errante, un fantasma en vida, un pájaro enjaulado.
Y así fue hasta que él cumplió los catorce años, y empezó a trabajar en el barquito del tío Peque desde la mañana hasta casi entrada la noche.
Ella pudo dejar la limpieza de escaleras, cuidar su reuma, y ayudar a sus hermanos con los deberes del cole.
Siempre que regresaba de la mar su madre lo estaba esperando, vestida de negro, con la comida preparada sobre la mesa, y con signos de llanto en sus mejillas.
Y siempre el mismo ritual. Ella misma le quitaba la camisa, le abrazaba el torso desnudo, y le olía varias veces, embriagándose de un olor que la hacía sentir bien.
Juan no lo entendía, pero nunca fue capaz de decir nada.
Sí, le olía – pensó abrazado a la que había dejado de ser su madre – y no se atrevía a preguntarle porqué, aunque no lo entendiera. Sabía que le hacía sentir mejor, y con eso a él le bastaba. Poco a poco fue comprendiendo…
Con el tiempo se fue acostumbrando pues no había día en que dicho ritual no siguiera su curso.
Fue precisamente después de casarse, cinco años después, cuando se atrevió a preguntar a su madre por el significado de dicho ritual. Y si se lo preguntó fue porque lo echaba de menos.
– Siempre que llegabas a casa olías a él. Olías a mar y sudor… olías a tu padre. Le echo tanto de menos…
Abrazado a un cuerpo muerto, pero aún caliente, recuerda todo guantando una catarata de emociones que no terminaban de pronunciarse, pero que hizo llorar a los demás.
– Juan – le dice su esposa, acercándose – ya se ha ido…
Pero él no la suelta porque sabe que jamás volverá a tenerla. Se siente cómodo abrazado a un cuerpo que no huele a nada.
Quiere llorar como los demás, pero no puede. Y lo necesita, necesita llorar, desahogarse. Pero le resulta imposible, igual que respirar.
Yo nunca he olido a nada – le dice, oliéndose por entre la camisa antes de cerrar los botones y salir de la habitación. Por fin se atreve a llorar.
Su esposa le mira alejarse mientras piensa en lo equivocado que está. ¡Aún no ha pasado una noche en que no se eche sobre su pecho, aspire ese aroma de salitre, y se sienta segura.
Ese olor… el olor de la maldita almadraba.

HACE VERANO

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Soy un ser extraňamente dependiente… Me explico: Podría estar comiéndote, bebiéndote y respirándote una vida entera

PARA LOS RACISTAS

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EL SONÁMBULO

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He soňado tantas veces un momento como ese que ya no sé cuando estoy despierto o dormido… Ando como un sonámbulo por la vida, temeroso de que alguien como tú me despierte.

HACE VERANO

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Es lo bueno del verano, que siempre puede uno bañarse. ¡A cualquier hora!
Es verdad que puede haber  un día de mar revuelto, y que una ola puede revolcarte, y arrastrarte por el rompeolas, pero… ¡Bendito revolcón!
Todo duele menos en verano, incluso su indiferencia

Alegres disfraces de tristeza

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Es la foto del funeral del pequeño Brayden Denton, de cinco años de edad y víctima de un tumor cerebral, al que asistieron todos los superhéroes con quienes él soñaba ser el día de mañana.
¡Emocionante!

XENOFOBIA INTOLERABLE: LE PEN

El fundador del Frente Nacional francés (FN), Jean-Marie Le Pen, afirmaba este martes en un mitin en Marsella que “el señor Ébola (uno de los virus más letales) puede solucionar el problema” de la inmigración “en tres meses”, según recogían este miércoles numerosos medios franceses.
POR DESGRACIA NO HAY UN ANTÍDOTO CONTRA EL ÉBOLA, PERO SÍ CONTRA SEMEJANTE FALTA DE HUMANIDAD: EL VOTO