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UNOS LO HACEN DE UNA MANERA…

IMG_11228126363890Los hay que, para hacer el amor, necesitan una cama…

Otros necesitan hacerlo en un coche.

Otros nada es igual si no lo hacen en el mar.

Otros, incluso, en una escalera.

Otros en el campo…

Hay otros, muy pocos, que se conforman haciéndolo soñando. Y tan es así que ni el otro se da cuenta… Aunque también lo esté haciendo con él sin que él se de cuenta tampoco.

la mejor de las músicas

rock,
clásica,
ambiental,
infantil,
pop,
jazz,
blues,
heavy,
punk,
chill out,
flamenco,
acid,
techno,
folk…
Ninguna como la de la Naturaleza

VOLAR…

A veces, el ser humano  quiere volar tan, tan, tan alto que olvida que un día tuvo raíces…Y lo peor de todo es que cree que cortándolas podrá olvidarlas.

FOTO: CHEMA MÁDOZ

TEXTO: JOSA

HACE VERANO

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La musa seguía recorriendo, siempre descalza, todos los charcos de sus sueños de poeta… Cada una de sus pisadas se hacían palabras grabadas en la arena que luego, cuando despertaba, componían los poemas de los que él se aprovechaba.

LA PREGUNTA TRAMPA

preguntas-trampa¿Sabes cuándo dejé de creer que existía EL MÁS ALLÁ?

Cuando comprobé que ni siquiera era capaz de encontrar EL MÁS ACÁ… ¡Por más que lo buscara!

DESVARÍO MENTAL

IMG_1467260782463Esto no debería haber pasado – dijo ella, muy seria, casi llorando, mientras se vestía en aquella elegante habitación toda blanca.
Terminó de vestirse, ni le miró antes de salir, y cerró la puerta.
Él se quedó tumbado en la cama, encendió un cigarro, y sonrió recordándola desnuda entre sus brazos.
¿No debería haber pasado? – recordó sus palabras – ¿Y cómo se conjugaba aquel tiempo verbal…? Él siempre había sido malo para las conjugaciones.

RECUERDOS: LAS NOVELAS ESTEFANÍA

estefaniaRecuerdo, cuando niño, a mi abuelo leyendo novelas de estas, sentado en una silla de anea, junto a la puerta de casa, escondido en la cochera, con su cigarro entre los labios. Las novelas se podían cambiar en la tienda. Si comprabas una y llevabas una antigua tenías descuento. Era como devolver el casco de la botella.

Bajo el nombre de Marcial Lafuente Estefanía se esconde una saga de escritores de este género que han vendido a lo largo de su historia más de 50 millones de ejemplares. Ahí es nada, todo unos bestsellers. Esta familia de escritores, Marcial y sus hijos Federico, Francisco y Francisco “Junior” (nieto del padre e hijo de el otro Francisco), ha creado más de 5.000 novelas. Se dice pronto amigos, 5.000 novelas sobre el oeste, sobre vaqueros, indios, ganaderos, pistolas… En algunos casos, estos títulos tuvieron tiradas de más de 100.000 ejemplares, que ya los quisieran la inmensa mayoría de los escritores de hoy en día. Según parece, estos tipos, cualquiera de ellos, era capaz de parir hasta tres novelas en un mes. De hecho, uno de los hijos escribió una novela en 24 horas seguidas, sin parar, sin dormir.

¿Y a qué se debe semejante triunfo? Pues a seguir la máxima siguiente: escribir para que la gente se divierta. Las novelitas eran muy amenas y llenas de los tópicos que hacen que el western u oeste, sea lo que es en el cine y en la literatura: tipos duros, desafíos, disparos… Tal era el vicio por estas novelas “de a duro”, que era común, yo lo recuerdo, venderlas a los quioscos por poco dinero una vez leídas y recomprar otras, también de segunda mano en muchos casos. El mercado de libros usados era un flujo constante de novelas de Estefanía.

Marcial Lafuente, el padre, el fundador de la saga, era un Ingeniero Industrial, que luchó en el bando republicano en la Guerra Civil y acabó en la cárcel. Allí comenzó a escribir aprovechando cualquier trozo de papel que era capaz de conseguir. Su primera novela del género que lo llevó a la fama fue “La mascota de la pradera”, publicada en 1943. Y de ahí al éxito. ¿No está en los libros de literatura? Seguro que no, pero hizo lo mejor que puede hacer un escritor: entretener y divertir a millones de lectores.

¿CÓMO VIERON LOS FRANCESES LA GUERRA CONTRA ESPAÑA?

indepen1Fue una victoria repleta de acciones de guerrilla, de bandoleros y de lucha por parte del desorganizado pueblo frente al invasor. Los franceses ya constataron este hecho y cómo la indómita población española se les atragantó. Citemos algunos comentarios de la época que remarcan este hecho.

El carácter de los españoles es noble y generoso aunque tiende a la ferocidad. No tolerarían ser tratados como nación conquistada; desesperados, serían capaces de los mayores excesos de entrega y valor”. Esto decía un oficial francés.

La guerra de España fue la más larga, difícil y dramática del Primer Imperio. Al cruzar los Pirineos entramos en el país de la Aventura. Batallas, emboscadas, mujeres, monjes, guerrilleros, hambre, sed, degüello y asesinato. Las otras guerras pertenecen a la historia, pero la de España parece pertenecer a la ficción”. Este comentario corresponde al historiador francés Edouard Guillén y realmente me gusta mucho. Eso de “guerra de ficción” es genial.

Por último, José Bonaparte, el conocido Pepe Botella, comentó: “Yo tengo por enemigo a una nación de 12 millones de almas, bravas, irritadas hasta lo indecible”. Y su hermano, el gran Emperador, dijo de los españoles en sus memorias: “Los españoles en masa se condujeron como un hombre de honor”.

LA SUMA IMPERFECTA (desvarío mental nacido de una foto)

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Erase una vez dos que se empeñaron, un día, en ser solo uno, olvidando que, en realidad, no eran solo uno, ni dos, sino cuatro… O más incluso, si contaban los hijos que ambos tenían.

Un día, sabiendo que tenían que comprobarlo, lo hicieron… Sólo fueron uno durante un momento – apenas una hora. A lo sumo, dos – pero desde entonces la suma se hizo resta, y siempre ya, desde ese día,  fueron tres: él, ella, y ellos dos.

DEMAGOGIA (cuento para vencidos)

Érase una vez una alambrada fuerte y casi eterna. Llevaba allí, en aquella frontera, no menos de ¿treinta años?
Pasaban los días de calor y los de frío, los de lluvia y los de viento, y ella seguía allí inmóvil, observando cuerpos temerosos que no se atrevían a atravesarla, y otros tantos valientes que dejaron algo de su piel en ella.
Un día, uno de los alambres que la sostenían, cansado de ser uno más en la alambrada, como sus aburridos y temerosos heramanos, les dijo:
– ¿Y si nos soltamos?
– ¿soltarnos? ¿tú estás loco?
– ¿por qué no? A lo mejor podemos hacerlo y salir de aquí, y dejar que esos pobres presos salgan también. ¡Yo no puedo más!
– nosotros no podemos hacer nada por ellos
– ¿cómo que no podemos hacer nada por ellos, por los presos que aquí mueren sus vidas…? Mirarles. A lo mejor están ahí precisamente porque alguien nos ha dicho que  nuestro único objetivo es permanecer impasibles, pero… ¿ Y si sí? ¿Y si sí que podemos hacer algo, y no solo por ellos, sino también por nosotros mismos?
– ¿y qué vas a hacer tú? – le preguntó uno de sus hermanos, medio dormido, oxidado como siempre, y vencido y convencido por esa palabra que siempre usaban, y  que acabó con todo el día que la inventaron.
– ¿Sabéis qué os digo…? yo me voy.
– ¿y cómo?
– no sé ¿soltándome?
– ¿y dónde vas a ir? ¿qué vas a hacer?
– no lo sé, pero sí sé que hoy voy a salir de aquí
– no vas a conseguir nada
– o sí… Todo es proponérselo.
Fue saltar y los hermanos que estaban junto a él perdieron su fuerza, y se soltaron también. Después el resto, viendo que se podía y que no pasaba nada, le siguieron y la alambrada, poco a poco, desapareció.
 

Pdta: la palabra inventada era la palabra que da título al cuento.

 

Mientras tengamos fútbol…

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