HIBERNAR EN ELLA

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Su espalda una roca por la que escalar,
sus pechos unas dunas donde dormir,
su cuello un río por donde navegar,
su vientre un desierto que recorrer,
su pelo una cascada bajo la que bañarse…
Y después, para no pasar más frío,
hibernar en lo más profundo de su cueva.
Y dormir… Dormir y no despertar nunca,
hasta el invierno siguiente.

 

OTROS PINTORES ESPAÑOLES: MANOLO VALDÉS

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su obra siempre tiene mucha luz y mucho color

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¿DE DÓNDE VIENE ESO DE “DAR CALABAZAS”?

En la edición del 1780 del Diccionario de la Academia se encuentra por primera vez esa acepción, concretamente definida como “desechar las mujeres la proposición de algún novio”. Gonzalo Correas, en su Vocabulario de refranes y frases proverbiales, sugiere que tiene su origen en que, hace unos siglos, los que aprendían a nadar se ayudaban de calabazas (a modo de flotadores, bajo los brazos) que abandonaban o “echaban a un lado” cuando ya eran capaces de desplazarse en el agua sin ellas.

Para explicar la relación entre el rechazo amoroso y las calabazas, hay quienes aluden al carácter antiafrodisíaco que les atribuían los antiguos griegos, de modo que dar calabazas sería una invitación a abandonar los devaneos amorosos. En los monasterios de la Edad Media se utilizaban pepitas de calabaza en las cuentas del rosario para alejar pensamientos lascivos. Además, la calabaza es un fruto muy aparente por fuera pero poco denso y poco sabroso. En ese sentido suele contraponerse al melón, que es el símbolo de la fecundidad, la abundancia y el lujo. No en vano dice un refrán: “Te juzgué melón y me resultaste calabaza”.

A MÍ…

wpid-img_33559291033535.jpegA mí, la luna me gusta como…
Quizás me guste como tu boca…
¡¡¡Llena!!!

(A ser posible, de mí)

TÚ NO TENDRÁS ALEXITIMIA ¿NO?

wpid-img_132549751211228.jpegEn el fondo era la única opción que barajaba – o que deseaba barajar – ante su manifiesto desinterés por él… Que tuviera alexitimia

¿DESCALZA?

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¿Que por qué la pinto siempre descalza? No hay calzado capaz, ni merecedor, de semejantes esculturas como las que tiene ella en lo más sur de su continente.
¿Descalza dices? No hay calzado capaz, ni merecedor, de semejantes esculturas… Si acaso, mis manos.