UNA COSA LLEVA A LA OTRA…. (MACABRO)

wpid-img_56593535692115.jpegLa gente no lo cree pero es así. Una cosa lleva a la otra…
Yo no nací asesino, ni siquiera me crié pensando en ello, pero un día…
Un día atropellé a un viejo en la carretera y, asustado porque había bebido, decidí enterrarlo. Cuando lo estaba enterrando apareció aquel corredor de fondo, corriendo por el bosque, mirándome con esa cara de estupor… Tuve que ir tras él, y atropellarle también. Después – lo reconozco – no tardé mucho en cogerle el gustillo a esto de atropellar y enterrar.
Lo dicho, una cosa lleva a la otra…

MENSAJE OPTIMISTA

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Al lado de la cruel alambrada también se puede abrir paso la libertad…
En medio de la triste oscuridad también puede brillar una luz que ilumine tus sueños…
Al lado de esa mujer que ni te mira puede que un día ella también te imagine a su lado…
Todo es posible en este milagro que todos llamamos vida  y que algunos ven pasar sin más…
Hasta en mitad del invierno puede hacer verano… ¡Te lo digo yo!

AQUEL MILAGRO

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Hay mujeres que se sientan en cualquier silla, mueven una de sus rodillas y son capaces, de detener el mundo en ese justomomento en el que tu mirada se detiene allí. Es entonces cuando vuelves a aquella época del colegio, a aquellas clases de religión, y presencias esa especie de milagro del que tanto hablaban… Solo con sentarse, y mover una de sus rodillas, esas mujeres son capaces de hacerlo… De hacer el milagro… De hacer que vuelvas a creer.

LA MAGIA DEL VERANO

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Esa es la magia del verano… Que cada uno imagina su playa, y se baña en ella donde quiera que esté… Aunque no esté.

“EN LA ALHAMBRA”, DE JUAN CARLOS GARVAYO

imageCuando un piano suena en manos de un buen pianista hay una mujer que, en ese momento, se desnuda en algún lado del mundo. O eso es lo que imagino yo.

HACE VERANO

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– ¿Echas de menos el mar? – le preguntó ella, y, por un momento, no supo responder.
¿Cómo decirle que, casi todos los días, a cientos de kilómetros del mar, podía ver su playa a través de los ojos de esa mujer, su maréa rizada en su piel, sus gaviotas blancas revoloteando entre sus labios, y su brisa salada escapar de su perfume…?
– No – quería responderle – no echo de menos el mar. Lo que echo de menos es bañarme en él… Pero sé que tú no vas a dejarme.

HACE VERANO

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Érase una vez una niña que volaba y que hacía volar…  Y todo con una mirada, un soplido, una sonrisa cómplice…

DESVARÍO MENTAL NÚMERO ¿?

wpid-2013-06-15-10.25.15.jpgDesde que ella apareció en su vida la pasión dejó de ser un simple  género literario para pasar a ser un ingeniero literario. A través de ella comprendió que sin pasión no se puede pensar en amar, ni en vivir, ni medir, ni hacer los planos de lo que luego será la obra literaria. La pasión es la que mueve los hilos de la escritura, y ella es quien los desteje a su antojo…

La pasión ya no es un género literario, sino un ingeniero literario.

UNA OFELIA MODERNA, según Matt Lynch

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Ofelia, prometida del atormentado príncipe Hamlet, se vuelve loca cuando éste, por confusión, mata a Polonio, chambelán de Hamlet y padre de Ofelia. En su desvarío, Ofelia vagabundea junto a un lago, recogiendo flores, y muere ahogada en las fangosas aguas. El nombre “Ofelia” parece estar inspirado en el griego “he ofeleía” (el socorro, la ayuda). Se ignora si Shakespeare se basó en algún precedente literario, como la novela pastoril Arcadia, publicada por el italiano Sanazzaro en 1504.

¿A qué aspira el ser humano? A todo cuanto ofrece Ofelia: sencillez, candor, sinceridad, inocencia en deseos y en pensamientos, delicadeza en sentimientos y en actos, capacidad para todos los afectos, desde temblar ante la presencia de su amante hasta tambalearse en su delirio de huida.

El cadáver de Ofelia, ¡ay!, todavía sigue muriendo. Perecer como sucumbe Ofelia, nos sigue susurrando una belleza mágica, arrebatadora y sublime en el bosque sombrío donde aún habitan seres solitarios. Ojalá supiéramos encontrar los amores posibles, esas pasiones enfrenadas que posibilitan amores realizables y resistibles. Si nos moviésemos por buenos instintos, hallaríamos con facilidad querencias finitas, propias de amantes mortales que se atrevieron a amar.