Macabaro

imageSé que no estuvo bien lo que hice, lo reconozco, pero no me arrepiento de nada. Una vez oí – y estoy de acuerdo – que que se arrepiente de lo que ha hecho es doblemente miserable.
Yo sólo quería mirarla, acercarme a ella un poco más, acariciarla,  y, si acaso, besarla… Lo que no quería – y eso puedo jurarlo – era matarla de la forma tan violenta en la que lo hice, pero ya se sabe, una cosa lleva a la otra y todo termina complicándose. Primero me acerqué a ella, y ella rehuyó. Después intenté besarla, y ella no quiso recibir mi beso… Me empujó de su lado como si fuera un perro. Después la abracé, intentando disculpalme, pero tampoco quiso recibir mi abrazo… Entonces dejé de pensar y mi ira se hizo cargo de la situación, pensando ella  en algo que sí recibiría – quisiera o no.
Fue por eso que saqué ese cuchillo y… ¡zas, zas, zas!
En total, recibió tres puñaladas: una por el beso que no me dejó darle, otra por el abrazo robado, y otra, la tercera, que fue la más necesaria, se la asesté en el cuello, para que no sufriera más y dejara de mirarme con esa cara de miedo…

COSAS DE VERANO: el mejor naufragio para ver vida marina

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S.S. Yongala
Por qué: La variedad de la vida marina hace que sea fascinante
Dónde: Australia

Bancos de rayas dominan el puente del S.S. Yongala. Meros gigantes patrullan en la popa. Serpientes de mar, tortugas y peces payaso se congregan en este navío de 358 pies hundido en 1911 por un ciclón en lo que hoy es la Gran Barrera de Coral de Marine Park, en Australia. Lo descubrirás a 12 millas náuticas del Cabo de Bowling Green, en Queensland. Debido a los 28 metros de profundidad y la fuerza de ciertas corrientes, que atraen a gran cantidad de peces, la visita exige un nivel de buceo avanzado.

Desvaríos mentales

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Con el paso del tiempo – ya llevaba mucho conociéndola – terminó enamorándose de ella. Ella no lo entendía, y él quería explicárselo antes de dejar de escribirle. Antes, mirarla, soñarla, y escribirla era suficiente. Ahora no, ahora la amaba de otra manera menos platónica. Nunca dejaría su vida por ella, ni haría que ella dejara la suya por él, pero sí que le apetecía que, alguna vez, compartieran momentos íntimos como todos esos que ya no solo quería escribir… Y es que, en unos labios como esos de ella, descansaban, juntas, su cordura y su locura.

Él no quería ser su marido, ni siquiera su amante… El, tan solo, quería saber que ella le amaba de igual forma, saber que cuando le veía todo cambiaba también para ella. Solo eso.

Federico García Lorca va a Motril

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El poeta subido (con gorra) en el coche de línea entre su Granada y mi Motril. Corría el aňo 1918

HACE VERANO

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Ella le escribía porque allí, entre las frases, podía encuentrar el lugar idóneo donde podría pasar todo eso que ambos sabían que nunca podría pasar.