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Cuando un piano suena en una parte del mundo hay una mujer que, en las antípodas, se desnuda mientras tararéa la misma música.

Tu ropa

Cuando sientas que no soy yo
ese que está a tu lado,
que estoy ansioso en demasía,
que algo me falta y que nada me sobra
lo único que puedes hacer por mí
es alejar de tu conocido cuerpo
toda esa ropa que te sobra siempre.
Solo entonces nos iluminará el sol
de una manera diferente,
como las de antes.
Y será entonces también cuando
se revelará el único de los secretos:
Que tú y yo somos ya la misma sangre,
esa que respira en otros cuerpos
y que trasladamos cuando más cerca
estamos el uno del otro.
Tu cuerpo desnudo me hace daño,
pero también me hace invulnerable,
Y la simetría tangente de tus senos,
y el mismo distanciamiento existente
entre tus manos y tus piernas
cura mis días gangrenados por el vacío
que me da el no tenerte a mi lado.
Cuando me recuesto sobre tus senos,
Siempre dormidos y rubicundos,
todo desaparece y todo se hace enorme.
Extendidos sobre tu cuerpo
forman un círculo eterno
de sendas que van a una playa desierta
donde la rúbrica de Dios sobre la arena
me dice que solo eres mía. Solo mía.
Todo lo que no eres tú,
Todo lo que no soy yo
deja de tener importancia entonces:
El dolor
El miedo
La soledad…
Todo
son nimiedades que nada tienen que ver
Con la vida que tú me regalas
a través de un cuerpo lozano y fresco
que ni tú sabes que existe
porque nunca te dejè mis ojos
para que pudieras contemplarlo.
Cuando me veas así, como te he dicho,
Tan solo quítate la ropa.
No hagas más.
Un muerto solo necesita eso para resucitar,
Y yo, cuando no estás a mi lado, soy eso.
Y tú, sin apenas saberlo,
juegas a ser Dios,
Y me resucitas así,
tan solo quitándote toda esa ropa
que siempre te sobra