COSAS DEL REBALAJE: LAS HUELLAS DE LA MAÑANA

mujer paseando por la playaYo era la arena de la playa – de cualquier playa donde ella estuviera. Él, tu amante, era la cruel ola. Y tú… Tú… Tú eras cada una de las pisadas que dejaban tus propios pies al pasear descalza por mi playa, y que se clavaban dulcemente en mí, en forma de caricias y de besos, a cada uno de tus pasos.
Él siempre se sentía vencedor, y sonreía macabramente cada vez que volvía al rompeolas. Sonreía y se veía ganador porque no dejaba que pudiera disfrutarte, y arrastraba tus pisadas justo en el momento en que más las necesitaba… Siempre aparecía, con su espuma reluciente, con su rumor agigantado, y te borraba de mí una vez tras otra, llevándote consigo.
Lo que no sabía él – y espero que nunca se lo digas – es que, por mucho que te borre, él jamás podría sentir tus pisadas clavadas como yo las siento… Esas pisadas no eran simplemente huellas, como él creía. Esas huellas clavadas en mi arena eran esos besos que aún me hacen amarte.
Aunque fueran efímeras, aunque las arrastrara una vez tras otra, cuando te alejabas, para mí eran más que suficientes… Como lo es tu mirada.

Un comentario

  1. no voy a entrar en tu forma de escribir, que ni bien ni mal, porque deberías pulir muchas cositas pero sí me gustan tus comparaciones. Me gusta eso de ser pisada y arena y ola. La ola siempre gana pero es la arena la que siente esa pisada. Me gusta mucho eso

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