LA VIUDA

viuda alegre

María era la mujer más triste del pueblo. Muchos decían que no tenía motivos para ello. Tenía un trabajo, tenía hijos ya casados, y tenía un marido. Lo que no sabía nadie era que María se sentía la mujer más sola del mundo… Y es que no hay peor viuda que esa que duerme todas las noches con su marido.

LA NOCHE ES PARA SOÑAR

image Esa mujer era igual a muchas cosas… Tantas que le conseguía desconcertar como ninguna otra cosa. Por la mañana se parecía al agua de la ducha donde quería bañarse, a medio día se parecía al vino que tomaba mientras comía, pero era de noche cuando todo cambiaba… De noche todo era distinto. Por la noche, ella, sin pedir permiso ninguno, al igual que hacía la misma noche con su manto, deambulando adrede por su habitación, se desparramaba por sus sueños y hacía que todo fuera de otro color diferente al de la oscuridad. Ella iluminaba sus sueños.

PALABRAS PARA JULIA: LOS SUAVES

UNA DE MIS CANCIONES FAVORITAS

MOMENTOS EN LOS QUE UNO NO ES UNO (macabro desvarío mental)

wpid-img_64066854383842.jpegNo hay – creo yo – nada peor que ese momento crítico donde eres incapaz de reconocerte… O peor aún, es ahí cuando realmente llegas a conocerte. ¡Eso sí que aterra! Y yo, hoy, me he conocido… ¡Al fin!
Iba yo esa mañana por ese camino alejado de la ciudad, conduciendo mi cochazo y fumando uno de mis primeros cigarros del día cuando ese ciclista se me cruzó. No pude evitarlo.
Cuando pisé el pedal del freno ese hombre ya estaba empotrado contra la luna delantera de mi coche, y pude ver el gesto de la muerte en el impacto. ¡Fue estremecedoramente espeluznante!
Aparte de la mirada vacía estaba ese sonido seco a hueso fracturado… ¡Fue horrible! No supe qué hacer. Me asusté tanto que permanecí en el coche, incapacitado para el movimiento.
Fueron los gritos del otro ciclista los que me hicieron recapacitar y salir del vehículo.
¡Asesino, asesino… has matado a mi hermano! – me gritaba colérico.
¡Asesino, asesino! – seguía gritanto, llevándose las manos a la cabeza y acercándose a su hermano muerto.
¡Asesino, asesino!… No pude soportar sus gritos, que se clavaron en mí como esa siniestra y macabra mirada pintada por la muerte -has matado a mi hermano… Se te va a caer el pelo.
Ahora, con el paso de los días, solo pienso en el pobre ciclista que se empotró contra la luna delantera de mi vehículo, el único inocente de toda esta historia, la pobre víctima del mal augurio. Se cruzó en el momento menos adecuado.
Enterrarle junto a su bicicleta fue muy duro… Enterrar al otro no me afectó ¡nada de nada!  El otro se lo buscó él solito, por gritarme de esa manera tan insolente.
– ¡Asesino, asesino, has matado a mi hermano…! – me gritó. ¡A mí! ¡Jódete!

RENDIDO A SUS PIES: DESVARÍOS MENTALES DE UNA FOTO

hacer pies bajo la mesaSiempre que estaban juntos en la cafetería del instituto se sentaba frente a ella. Nunca a su lado. Y no lo hacía por evitar tentaciones, ni por ningún otro motivo que no fuera el de no privarse de poder mirarla y saciarse de ella a diario, de esa mujer cuyo sentimiento hacia él no iba más allá de la de ser el amigo de sus amigas.
Un día, cansado de no ser nada para ella, sino un salero más, una cuchara o una taza de aquella mesa que compartían, decidió sentarse a su lado y así no mirarla más, y dejar de morir lentamente por culpa de un amor no correspondido. Pero, de repente, sus pies, sin ambos quererlo, se tocaron, y él terminó de morir… Rendido… Rendido a ellos.

HORROSAMENTE MARAVILLOSA

wpid-img_197923356750113.jpegSu historia de amor podría llamarse de muchas maneras. Podía ser una historia secreta, una historia furtiva, una historia oculta, una historia bonita, una historia pasional, pero para ella era, ante todo, una relación horrorosamente maravillosa. Así la podría llamar a veces. En cambio, para él era simplemente maravillosa.
Él siempre supo separar la amiga de la amante, y siempre supo por donde ir y por donde no.
Ella, en cambio, nunca supo diferenciarles… Siempre que estaba con él, o pensaba en él, veía a los dos juntos – al amante y al amigo…
Les veía en la cama, en el coche, en el restaurante, en la playa… ¡A los dos mismos él!
Y eso es lo que hacía que para ella esa historia fuera única, fuera especial, y, a veces, fuera algo más. Eso era lo que hacía que fuera una relación horrorosamente maravillosa…
Y viceversa.

ANTES MUDO QUE DECIRTE ADIÓS

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Si alguna vez ves que he dejado de hablarte no olvides esto que aquí te escribo. Y es que, si por una de esas macabras casualidades de la vida no tuviera más remedio que decirte adiós para siempre, no lo dudes… ¡Enmudecería!