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HOPPER, ESE GRAN “VOYEUR”

el vouyerismo en el arte

Cerró los ojos y se dejó llevar, adentrándose en ese baño que tan bien conocía desde lejos pero del que era capaz de sentir hasta sus olores, sus vahos, y esa mezcla dulce de gel de fresa y piel mojada, hasta conseguir la fuente del placer extremo. Vinieron a su mente una mezcla de imágenes que no podía controlar: él estaba allí con ella – ¿o era ella quien había llegado a su casa? – y casi podía sentir su olor, su sabor y su tacto. De repente, adrede, como suceden esas cosas, ella se deshizo de la toalla y sus caderas se dibujaron tan hermosas como dunas que quiso pisar con sus pies descalzos.
Sus corazones, aún en la distancia, parecian sincronizados, sus cuerpos estaban montados en la misma ola y el universo se hizo eterno al mismo tiempo hasta que finalmente la luz se apagó alejándola de un sueño en el que nunca había participado, para desgracia de él, que salió del baño triste – como siempre – abrió su nevera y se sirvió una copa de esa botella de vino que sabía a ella.

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Autor:

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

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