HACE VERANO

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Y, de repente, él nadaba por entre el oceano de miradas tímidas que había en aquella tarde de verano. Las olas del pudor y miedo intentaban ahogarle, alejarle de aquella isla de arena blanca que se veía a lo lejos.
las olas le impedían ver, y acercarse cuanto deseaba, pero entre el agua podía ver esas dos palmeras pletóricas que se erigían majestuosas sobre una arena blanca y caliente. A su lado, un pequeño bosque de madreselvas ocultaba la fuente de ese agua que tanto ansiaba llevar a su boca seca desde su naufragio…
Por fin llegó a la isla, y, cuando la pisó, cuando, por fin, tocó su arena, cuando se cobijó bajo sus dos palmeras, y cuando bebió de aquella fuente de néctar dulce fue cuando comprendió que era ella aquel el lugar donde quisiera vivir toda su vida…
Es por eso por lo que le gusta tanto sentarse siempre al lado de ella… Aunque ella lea un libro, o vea la tele, o se tome una copa de vino, y no le haga el menor de los casos.

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