LA PARTIDA TRAMPA

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Te propongo una partida.
Sí, reconozco que tiene truco,
que es una partida amañada,
en la que jamás podrás ganar.
Propongo un juego sólo para dos jugadores.
Que nos miremos fijamente, a solas,
que nos sonriamos seriamente, a solas,
y que nos amemos apasionadamente, a solas…
Y que gane el que más enamorado esté de los dos.
¿Ves? Ese es el truco…
Nunca podrías ganar tú.

SHE

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hay gente que no necesita un instrumento para tocar música. Ella sola es capaz de hacerse sonar en el pensamiento de otra persona que, sin duda, la ama…

¿NUNCA SUEÑAS CON ESTAR A SOLAS?

IMG_21348167737155Al verla allí sentada con esa minifalda respiró profundamente para calmar sus pensamientos y forzó su atención sobre otro pensamiento que estuviera lejos de aquel lugar. Podría mirarla sin comportarse como un idiota, pero se dio cuenta que no podía dejar de mirar su espectacular corte de cabello rubio – la mitad largo, con una línea central de cortos picos, el resto a diferentes largos y simplemente extraño. Un mechón carmesí de un dedo de ancho se enroscaba a un lado de su cuello. No podía dejar de mirarla, y ella, nerviosa, suprimió una risita excitada, de esas que también – y tan bien – la delataban.
Allí sólo había unas copas de vino, un sofá, y una música que sonaba al fondo… Ni siquiera ellos estaban ya allí.
―¿Nunca sueñas con este momento? – quiso preguntarle, mientras tomaba un sorbo de su café caliente, y sus ojos de color amor pálido nunca se alejaron de su rostro. Bueno, a lo mejor miró también su pecho a través de esa camisa blanca que él no veía, pero rápidamente se obligaba a volver a mirar por encima de su cuello, que era lo que más le gustaba mirar en ella.
– ¿Nunca sueñas con estar los dos a solas? ¿Nunca? ¿Ni siquiera cuando lo estamos, como ahora?

EL MIEDICA

IMG_33136899396894Hay momentos, a veces son horas, otras son días, algunas hasta semanas enteras, en las que lo reconozco: tengo miedo, mucho miedo. Siempre fui una de esas personas que cruzaban la calle mirando siempre a ambos lados, cerciorándome de que ningún peligro repentino pudiera cogerme por sorpresa. Era de esas personas que comían a su hora, y siempre controlando el nivel de una dieta saludable, pensando siempre en el mañana. Era, en definitiva, una de esas personas que se empeñaban en vivir siempre con cordura y, sobre todo, con un sentido. Todo tenía que tener un porqué. Pero ahora, de repente, nada tiene sentido, o, al menos, a nada se lo busco. Ahora no cruzo siquiera la calle, y si lo hago no sé por donde lo he hecho. No sé si como, o qué es lo que como… Ni cuando tengo que volver a comer… Ahora solo tengo miedo, y es un miedo que no puedo contener porque es un miedo que no me provoco yo, sino que tú me provocas sin darte cuenta. ¿Sabes? Eso – que tú no sepas nada de todo esto – no es lo que más miedo me da… Lo que más miedo me da es que sé que nunca lo sabrás.

Discurso de Federico García Lorca, en la inauguración de la biblioteca de su pueblo en 1931 28 enero, 2013 Uncategorized

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Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión. Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.
No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?
ibros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.