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Había veces que él la miraba y todo se volvía ella:
La silla donde estaba sentada,
la Copa de vino que posaba en sus labios,
las migas de pan que caían sobre la mesa,
la chimenea apagada,
la música que sonaba,
la gente que entraba y salía del local,
los demás que estaban a su lado…
Todo era ella…
Hasta las cosas que escribía, como esta que lees ahora, tenían su rostro.

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