SEXO, DINERO Y OTRAS AMBICIONES: Cap 1

wpid-dsc_0281.jpgLa lluvia golpeaba con fuerza en los cristales de la amplia ventana esa fría noche de invierno. En la habitación, con las luces apagadas y la radio encendida, descansaba, como era normal a esas tardías horas, el joven matrimonio. Ella llevaba ya varios minutos dormida. Él, cosa insólita, permanecía despierto escuchando el chasquido de los cristales al recibir el contacto de las gotas de agua.
Fran intentaba conciliar el sueño en su cómoda cama pero había algo que se lo impedía. Por primera vez en diez años estaba asustado. Es más, estaba completamente seguro que nunca antes se había sentido así, salvo el día en que Mar le dijo que iban a tener un hijo. Ese fue – recordaba tumbado en su cómoda cama – el último día en que el miedo se apoderó de él en cuerpo y alma de una manera tan aterradora.
Él, que no tardaba en conciliar el sueño más de cinco o seis minutos, remoloneaba sobre las sábanas pensando en las posibles consecuencias que la operación podría acarrear.
¿No sería demasiado peligrosa? – se preguntaba constantemente – pero ¿no sería también necesaria para acabar de una vez con tanto sufrimiento?.
Allí, en la caliente cama de sábanas de seda, permaneció largo rato pensando en todo y cuanto podría suceder hasta recibir el contacto de la mano de su esposa sobre la espalda.
Fran se volvió, apoyó la cabeza sobre su mano, y observó el bello dormir de Mar, preguntándose si no sería todo más fácil si contara con su apoyo.
Tan preciosa estaba en esa tímida posición que hubiera dado parte de su fortuna por no verla despertar y encontrarla siempre en ese estado tranquilo y, casi, angelical.

Mar, con su pelo lacio y rubio rodeando su cuello, sus fértiles labios humedecidos, y su piel serena y resbaladiza, podría haber sido la salvación de su angustiada alma, la liberación de sus complejos, y el relleno de sus fantasías… Pero Fran sabía que al alba despertaría, y toda esa dulzura que ahora contemplaba en su soñoliento rostro se convertiría en la más cruda y despótica de las tristes realidades.
Fran, tímidamente, acercó su mano a las sábanas que los cubrían y las apartó de sus cuerpos, contemplando – de nuevo absorto – el precioso y esbelto cuerpo que nunca podía saborear y al que no le permitían acceder salvo en contadas – y nunca mejor dicho- ocasiones.
Viéndola así, tan solo vestida con su cara y elegante ropa interior, con su pelo esparcido por toda la almohada, y su preciosa cara aletargada, podía parecer un auténtico ángel enviado por el mismo Dios, un ser al que había que amar por obligación.
Olvidando las últimas tensiones volvió a ver en ella ese brillo especial que le hizo enamorar cuando eran unos críos.
Las curvas de sus turgentes senos, sus delgados y brillantes brazos desnudos de vello, y sus largas y contorneadas piernas le hicieron sentir un deseo irrefrenable que ni él mismo pudo comprender.
Tímidamente alargó uno de sus dedos y lo paseó por la curva de sus muslos mientras recordaba aquellos días en los que la pasión pareció existir. Casi inconscientemente empezó a fantasear con ella hasta que, para su desgracia, sus ojos se abrieron.
– ¿qué crees que estás haciendo, cerdo? – gritó Mar levantándose con rapidez y olvidando el sueño reciente- ¿acaso crees que soy tu “conculina”?
– se dice concubina – respondió un Fran resignado
– ¡ me da igual cómo se diga… ”degenerao”!
– pues si te da igual, dilo bien y no metas la pata
– ¡claro – dijo sarcásticamente – como el señor es todo un “intelestual”…!
– se dice intelectu…
– ¡me da igual cómo se diga! – le gritó con más fuerza al ver su insoportable sonrisa de ser superior – ¡y no te rías de mí!. Aquí, la única que tiene motivos para reír soy yo…
– bueno mujer… – intentó calmar la tensa situación – tampoco es para ponerse así. Si no durmieras en esta cama no pasarían estas cosas
– pues si tanto te molestan, vete tú… Digo el cerdo… – volvió a gritarle – se creerá que va a camelarme a mí. Te he dicho más de mil veces que no vuelvas a tocarme… ¿acaso eres sordo además de impotente?
– bueno, déjalo estar… No es para que te pongas así
– ¿ah, no? – le volvió a gritar – ¿no creerás que vas a volver a tocarme otra vez después de lo sucedido?. Deberías haber tenido más cuidado. Has caído muy bajo
– no creo que tú seas la más indicada para darme consejos morales
– si tienes ganas de hacerlo busca tu “postituta”
– se dice prostituta… Pros…ti…tu… ta
– ¡vete a la mierda, gilipollas, y deja de corregirme!
– si supieras hablar no tendría que corregirte
– ¡claro – dijo sonriendo de nuevo – como el señorito es “chíspir”!
– se dice “Chéspir”, no “chíspir”
– ¡vete a la mierda! – le volvió a gritar mientras le lanzaba uno de sus zapatos, que, por suerte para él, fue a estrellarse contra la mesita y no contra su cabeza. Aun así, el zapato rompió la jarra de agua y desalojó todo el líquido sobre las sábanas que le cubrían.
– Tienes tanta puntería como vocabulario
– déjame en paz. Nada de lo que digas puede molestarme. Lo único que quiero que tengas bien claro es que no quiero que vuelvas a tocarme. Si quieres tocar el cuerpo de una mujer ve al único lugar donde alguna querrá estar contigo. Allí seguro que no se ríen de ti… Vete con todos los “degeneraos” del pueblo
– ¿tú te atreves a llamarme degenerado? – dijo sonriendo maliciosamente – ¿tú que podrías ganar un premio a la infidelidad?. Además, sé que aún te ves con el crío ese de la universidad. Por lo menos podría enseñarte a hablar
– seguro que habla mejor que tú
– no sé qué habrás visto en un crío como ese… ¿Quizás la juventud que ya te falta?
– ¿qué te parece un pene en condiciones? – ahora era ella quien sonreía
– eres una maldita cerda – dijo ofendido y derrotado
– sí, ponte “colorao” – seguía metiéndose con él sabiendo que le había dado en el punto que más le dolía – échame a mí la culpa de la birria que tienes entre las piernas
– ¡cállate de una vez!
– ¿se molesta el señorito no-pene?… Quien tendría que estar molesta soy yo. Si tu “postituta” se va de la lengua todo el pueblo se reirá de mí…¡Qué vergüenza, sería como en el pueblo!
– algún día me pagarás todo lo que me estás haciendo
– lo que tienes que hacer es dejarme en paz y no acercar tus asquerosas manos a mí
– no creas que me cuesta mucho hacerlo… la verdad es que ella, en cinco minutos, ha sido más mujer que tú en toda tu vida… Vergüenza debería de darte que una prostituta sea más mujer que tú, que tenga más sentimientos aun cobrando. Aunque claro, tú también lo hiciste por dinero. Tampoco hay tanta diferencia entre tú y ella
– pues vete con ella y déjame en paz a mí. Dame el divorcio que te he pedido, dame todo lo que pido y te dejaré en paz para siempre
– ni hablar. Nunca disfrutarás de mi dinero con tus amantes
– pero querido – su voz sonó dulce – si ya lo estoy haciendo
– muy pronto dejarás de hacerlo, te lo prometo
– ¡uy qué miedo! – volvió a sonreír mientras se encerraba en el cuarto de baño y Fran escondía la cabeza debajo de la almohada, intentando así aguantar toda la rabia interior que le invadía.

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Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

9 comentarios sobre “SEXO, DINERO Y OTRAS AMBICIONES: Cap 1”

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