SEXO DINERO Y OTRAS AMBICIONES CAP 2: EL PERFECTO MATRIMONIO DORMIDO

wpid-dsc_0281.jpgFran, completamente dormido, roncaba suavemente con una de sus piernas – costumbres arraigadas de la infancia – alejada de las sábanas que cubrían su cuerpo. Mar, vestida con uno de sus caros conjuntos de seda, dormía en la otra parte de la cama, justo sobre el borde. La mitad de su cuerpo parecía suspendida del aire, y raro era que nunca se cayera. Sobre sus oídos descansaban una especie de auriculares de tela que le ayudaban a conciliar el sueño sin ser molestada por los incómodos ruidos ocasionados por su marido durante la noche.
Escuchar sus ronquidos, el absurdo programa de radio que necesitaba para dormir, o sus continuos movimientos sobre la cama, eran algo superior a ella , y, gracias a los auriculares, se había acostumbrado a dormir sin ser molestada.
Ya podía poner la música más alta, ya podía roncar todo y cuanto quisiera, que a ella no le importaba mientras no se acercara a su parte de la cama, que, como casi el resto de la casa, estaba perfectamente delimitada.
Alrededor de toda esa calma, escondida tras el silencio del sueño, existía un odio casi irreconciliable y una pasión escondida que nunca más volvería a despertar.
Como habían demostrado horas antes, su matrimonio estaba llegando a un punto peligroso y difícil de soportar. Hasta entonces habían aprendido a soportarse. Podría decirse que hasta hubo un momento en que necesitaban hacerse daño para ser felices, pero los últimos meses sus disputas llegaron a ser peligrosas.
El odio y la animadversión que sentían el uno por el otro estaban llegando a unos límites insospechados y que, en el fondo, empezaba a asustarles a ambos.
Por primera vez desde que se casaron – de eso hacía ya más de diez años – incluso había pasado por sus mentes la idea de un accidente fatal.
Tal era el odio que se profesaban, odio que antes les unía, que a ninguno le hubiera importado que el otro hubiera desaparecido de sus vidas aunque fuera de forma violenta.
Y si seguían durmiendo juntos, después de tantos años, no era por el amor que se profesaban, ni por miedo, ni por necesidad de compañía, sino más bien por orgullo y, sobre todo, por no otorgar a su enemigo el placer de vencer la primera batalla.
Ninguno de los dos estaba dispuesto a alejarse de esa cama. Para ellos era como el tesoro más importante de la casa, como la primera prueba de fuego en su continua lucha de sexos, como la primera y más fuerte derrota si alguno la abandonaba.
Tanto tiempo llevaban viviendo en esa situación que habían aprendido a convivir en la misma casa sin dirigirse la palabra. En ocasiones habían estado más de una semana sin verse siquiera, y al final acababan echándose de menos…
Cada uno tenía su televisión, cada uno tenía su propio saloncito, y a veces acababan los dos viendo la tele grande del salón, eso sí, siempre en silencio, aunque a veces se les escapaban comentarios y risas en común si la película era de risa.
En esa cama tuvieron su primera discusión de casados y ninguno quiso abandonarla en ese momento. Abandonarla ahora – los dos lo sabían – sería darle al otro el mayor placer de todos, sería como abdicar en una lucha que ninguno quería perder.
Allí, en esa vasta cama, descansaban los dos en silencio, sin nada que decirse, sin nada que hacer, salvo pensar cada uno en sus problemas o leer cualquier revista de moda o de música.
Ese matrimonio joven, sano y rico – sobre todo rico – era como un ejército enfrentado continuamente, cuyo momento de tregua solo lo encontraban a la hora en que el sueño se apoderaba de sus almas.
Ambos alcanzaban ya casi la treintena, y llevaban casados desde los dieciocho. Demasiados años juntos para no haberse amado un solo momento – pensaban los dos continuamente, intentando encontrar una razón para dejar de vivir juntos.
Pero había algo más dentro de cada uno. Cada uno tenía una razón distinta para seguir compartiendo esa misma casa y esa misma cama.
Los dos eran jóvenes, los dos eran atractivos a ojos de los demás, los dos podrían alcanzar la felicidad si se separaran, pero había algo que les impedía separarse definitivamente.
Aunque los dos parecían tener claro que seguían juntos por el dinero de Fran, en el fondo había algo más. Conscientemente no se daban cuenta, pero se habían acostumbrado a vivir siempre con peleas, recriminaciones, insultos y golpes bajos, y dejarlo sería romper con algo que en el fondo les hacía ser felices.
Sufrían sí, pero ese sufrimiento – aunque ninguno de sus amigos lo comprendiera realmente – llegaba a convertirse en una diversión para ellos. Eran tan extraños que ni ellos mismos podían comprender realmente lo que sentían el uno por el otro.
Lo que sí parecían tener muy claro ambos, era que no podrían ser nunca como las demás parejas. Nunca podrían sentir ese amor del que tanto le hablaban y que para nada necesitaban.
Ver sufrir a su adversario diario – para ellos su vida era un juego en el que no existían reglas salvo las de hacer todo el daño posible – les hacía sentir la misma sensación que cualquiera de sus amigos cuando veían deleitarse a su cónyuge.
Ese odio había convivido con ellos desde el día que se casaron. Ese odio había sido parte de ellos mismos y, quizás, el sustento de su relación.
Aconsejados por unos amigos de la pareja, quizás la única amistad en común, decidieron acudir a una terapia matrimonial, tan de moda en esos días.
Cuando sus demás amigos seguían juntos (algunos, solo por guardar apariencias) ellos seguían juntos porque en el fondo disfrutaban haciéndole imposible la vida al otro. Ese – podría decirse así – era el cometido de sus vidas. No conocían otra felicidad que la desdicha de su cónyuge.

En el fondo podría ser amor como el que sentimos los demás – repetía uno de sus amigos de la terapia de pareja a la que una vez acudieron.
– Después de todo, el amor es sentirse bien a expensas de otro. Yo soy feliz cuando mi esposa es feliz y hago cuanto pueda porque siempre sea así. Yo soy feliz a expensas de la felicidad que proporciono a mi esposa
– pero ellos no proporcionan felicidad al otro – decía su esposa mientras Fran y Mar escuchaban disfrutando de los comentarios de los demás
– ¿y tú cómo lo sabes?. Yo creo que ellos son felices viendo el dolor que uno provoca en el otro y así los dos son felices… En el fondo no se están haciendo daño aunque los demás creamos que sí. En el fondo, lo que están haciendo es sentirse bien con ellos mismos… solo están buscando lo que necesitan, y eso es lo primordial para una buena relación de pareja. Ser feliz a tu manera
– pero tú no puedes ser feliz a costa de tu cónyuge – decía otro del grupo
– no, estoy de acuerdo, pero ambos parecen buscar lo mismo. Ninguno hace una cosa diferente al otro. Yo creo que los dos son felices así
– sí, pero hay que reconocer que se hacen daño
– ¿y si les gusta hacerse daño?… ¿y si es lo que necesitan?
– entonces son sadomasoquistas
– ¿y…?, ¿vamos a juzgar a estas alturas de la vida una orientación sexual determinada?… estamos en el siglo xx, ¡por Dios!
– entonces – intervino la psicóloga, al ver las sonrisas de la pareja, que en el fondo, disfrutaban con todo ello y no buscaban ninguna solución para resolver sus problemas. Para ellos la terapia era una nueva forma de distacción -¿tú crees que les va bien?
– no lo sé, pero así llevan más de diez años y no creo que sean muy desdichados. Otros no han durado juntos ni un año.
– ¿Tú les has visto alguna vez besándose o abrazados? – decía su esposa
– no, pero tampoco tú y yo vamos abrazados todo el tiempo ni nos besamos en cualquier parte. Cada pareja debe buscar lo que necesita realmente, no lo que se le dice que necesita. En el fondo creo que es la pareja más sincera que he conocido…
Ninguno de los dos – ni Fran ni Mar – entraban en la discusión, pero en el fondo disfrutaban escuchando todo y cuanto de ellos decían.

Tan poco valor tenía su matrimonio que ni se preocupaban en pensar si realmente lo suyo podría ser otro tipo diferente de amor. A ellos no les importaba lo más mínimo.
Para ellos era todo más sencillo que eso. Ellos se conformaban dejándose llevar por la idea de que seguían juntos simplemente por el dinero que compartían. Ninguno tenía la necesidad de averiguar si era amor lo que sentían en el fondo. Ellos no necesitaban el amor ya que nunca lo habían conocido, y no podían echarlo de menos. Tan solo se dejaban llevar por una vida que ya tenían asimilada y que no les impedía ser felices a su manera.
Ellos eran como el perro que vive con una familia desde cachorro. Si estuviera en la calle podría hacer todo y cuanto quisiera. Podría defecar donde quisiera sin que nadie le regañara o golpeara, podría dormir cuanto quisiera y donde quisiera, podría pasear por donde quisiera sin necesidad de su dueño, pero todo sería distinto. Una vez diera el paso de marcharse no podría dar marcha atrás y pudiera ser que lo que se encontrara en la calle no fuera tan agradable, ni tan seguro como estar en esa casa donde, por lo menos, le daban de comer y un techo en los días de frío y lluvia… Así era su relación, tan fría como una gélida noche de invierno.
Fran no necesitaba a su esposa para nada. No la quería, es más , la detestaba, pero en el fondo le gustaba despertarse por la mañana y verla en la cama junto a él.
Ella era la única mujer con quien tenía valor para acostarse. Ella era la única que conocía el problema que, de no haber existido, pudiera haber cambiado el curso de su relación y haberles permitido ser felices.
Lo único que le acercaba a ella era el deseo que despertaba en él cuando la veía medio desnuda. En esos momentos sí sufría porque deseaba besarla, despojarla de sus ropas y hacerle el amor salvajemente.
Pero ahí existía otro problema, el problema que ninguno de sus amigos conocía, y que tanto le acomplejaba. El que un día les separó y que ahora le mantenía unido a ella aun sufriendo bastantes consecuencias desagradables.
Mar era la única mujer con quien podía acostarse sin sentirse desdichado. Aunque ella se riera de su eterno problema, aunque supiera que no había química, él podía disfrutar de un cuerpo femenino sin el miedo a ser rechazado u ofendido.
Las risas de Mar, su sarcasmo y sus ofensas ya las conocía y no le afectaban, y con ella podía, por lo menos, liberar toda la presión acumulada durante tanto tiempo.
Estando con ella podía sentirse bien aunque solo fueran unos minutos al mes, y así podía sentirse medianamente hombre.
Mar, que tampoco lo había querido nunca, le necesitaba para poder seguir llevando el vertiginoso ritmo de vida que llevaba.
Estando en esa casa podía vivir rodeada de lujos, podía seguir asistiendo a eventos importantes, podía tirar de esa mágica tarjeta dorada, y por eso merecía la pena seguir aguantando.
No quería arriesgarse a volver a su anterior vida, cuando vivía en casa de sus padres y sólo podía acallar sus caprichos con lo poco que iba ganando en el Burguer King.
En esa época de sus diecisiete años, por las mañanas acudía al instituto a estudiar y por las tardes tenía que trabajar para poder seguir el ritmo de vida que imponían sus amigas, todas ellas niñas adineradas.
Sus amistades eran hijas de médicos, de políticos, profesores… en cambio ella no era mas que la hija de un pobre jubilado por culpa de un accidente laboral al que daban una paga paupérrima y miserable.

Anuncios

10 comentarios sobre “SEXO DINERO Y OTRAS AMBICIONES CAP 2: EL PERFECTO MATRIMONIO DORMIDO

  1. pues me he tenido que ir al primero porque no sabía que había otro capitulo y esperaré al tercero.
    Buena idea eso de ponerlos a la izquierda en la llista esa y pinchar y que vaya directo.

    Me gusta

  2. bien josa, por ahora la cosa va bien. Ya sabemos que están casados, que les va mal y como se conocieron. Ansioso por ver la trama de esta historia que tan buen sipnosis tenía. Esperando el capítulo 3

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s