SEXO DINERO Y OTRAS AMBICIONES, CAP. 3: EL CONCURSO

(YA ESTÁN EN EL BLOG LOS CAPÍTULOS 1 Y 2. BÚSCALOS EN LA BARRA LATERAL)

Casi once años antes, Mar era la muchacha más guapa del instituto y, por ende, todos los chicos la perseguían. Ella era popular y tenía todo para ser la persona más feliz del centro, pero, como siempre pasaba, había un problema y no todo lo que reluce es oro. Su padre no tenía trabajo y ella tenía que ganar dinero para poder comprar los vestidos que llevaban sus amigas y poder asistir a las caras fiestas de los universitarios de la ciudad a la que tanto le gustaba acudir.
No había un chico del instituto o de la ciudad que no conociera a esa chica, la chica más guapa y esbelta de todas las de la ciudad. “El bombón mutrayil” la llamaban, y era la envidia de todas las chicas. Y es que, ver a Mar era un auténtico festival para cualquier chico de esa edad. Era guapa, delgada, con un precioso pelo rubio, con abultados senos y largas piernas de ensueño.
Fran, desde el primer día que la vio en el instituto, sintió un fuerte latigazo en su corazón y siempre la amó en silencio… Pero esa chica era demasiado para alguien como él, para alguien que pasaba inadvertido entre los demás… Alguien del montón.
Por esa época era un chico bastante acomplejado y amilanado. Según su tutor, que quería ayudarle a sacar todo el potencial que llevaba dentro, era la persona más taimada y subversiva que había conocido nunca, pero jamás pudo hacerle salir de ese pozo en el que se encontraba.
Mientras los demás chicos de su clase ya habían dado el estirón, él seguía igual que en su etapa de primaria. Era el más bajo de todos, no tenía barba y el vello no había aparecido por sus piernas, lo que servía de mofa para los demás, que le llamaban “hombre rana”, haciendo mención a su falta de vello.
Ninguna de las chicas le hacía caso, ni se fijaba en él. Nunca tuvo pareja como los demás compañeros, y tenía que conformarse con quedarse en casa jugando a la consola mientras sus compañeros salían con las chicas y después le contaban todas sus experiencias a través del whasap. ¡Cómo les envidiaba!.
Pero no siempre Fran había sido así. Hasta sus primeros años de instituto Fran había sido un muchacho abierto, risueño, con ganas de disfrutar de la vida, y sin ningún tipo de problemas ni complejos.
Disfrutaba jugando a fútbol, haciendo excursiones, tomando una coca cola con sus amigos, paseando y persiguiendo a las niñas que tanto le gustaban. Podía decirse que Fran era un niño normal de esa edad.
Incluso sus primeros meses en el instituto fueron amenos e importantes en su vida. Por entonces era respetado por sus compañeros. Era respetado porque era un excelente estudiante, y aun así era también un gran deportista, juerguista, gracioso y siempre inventor de cualquier broma. Jugando a fútbol todos se peleaban por tenerle en su equipo, y sus apuntes eran los más perseguidos y deseados.
El cambio repentino en su vida llegó el día que se quedaron a dormir en casa de un compañero para estudiar un examen.
Él y otros cuatro amigos se quedaron toda la noche viendo películas eróticas, bebiendo coca cola y comiendo palomitas hasta que Javi – siempre tenía que ser Javi – empezó a bromear con los demás sobre el tamaño de su pene. Bromeando y cansados por el sueño decidieron hacer un concurso en el que el vencedor sería el que, como ellos decían, la tuviera más grande. Fran, aunque no estaba muy seguro de querer participar, no tuvo más remedio que acceder ante la insistencia de sus amigos.
– Venga, no seas marica… – le decían constantemente para convencerle.
Por desgracia, el primer turno le tocó a él, y no tuvo más remedio que acceder a las estúpidas peticiones de sus compañeros.
Lentamente desabrochó la bragueta del pantalón y bajó sus pantalones. Sus amigos – podía notar la mirada clavada en esa parte tan íntima de su cuerpo – se quedaron paralizados al verle, y él se asustó.
– ¿Qué pasa? – dijo asustado y nervioso al ver sus extrañas reacciones
– ¡vaya birria! – gritó Javi rompiendo a reír mientras los demás hacían lo mismo – en mi vida había visto algo tan pequeño.
– Mi hermano pequeño la tiene más grande – dijo Carlos.
Los cuatro amigos rieron y rieron sin parar y Fran, enojado y colérico, se puso el pantalón rápidamente para intentar detener esas crueles carcajadas. Rápidamente Javi se bajó el pantalón y ante los demás apareció un miembro viril que podía doblar perfectamente el tamaño del suyo
– esto es un monumento – dijo Javi pavoneándose descaradamente, mientras Fran sentía unos deseos irrefrenables de callar a toda costa su risa y su prepotencia.
Los otros tres hicieron lo mismo y al comprobar que Fran se sentía molesto siguieron haciendo burlas crueles hasta que no tuvo más remedio que salir de esa casa y alejarse rápidamente.
Esa noche fue la peor noche en la corta vida de Fran. Por más que intentó no darle importancia a la risotada de sus amigos no pudo quitarse de la cabeza la diferencia de tamaño con respecto a ellos. Cerrando los ojos para poder dormir y olvidarse del tema llegaban a sus oídos las crueles palabras de los que creía sus amigos
– la tienes más pequeña que mi hermano de siete años, la tienes más pequeña que mi hermano de siete años…
Desde ese día su vida cambió radicalmente y, poco a poco, fue adentrándose en un mundo cerrado del que no le apetecía salir. Tal efecto causó en su interior lo sucedido que incluso sus sueños estaban relacionados con ello. Uno de sus sueños más repetidos era el de un día de campo. Él paseaba tranquilamente por el campo y se detenía junto a un árbol a observar unos pájaros revoloteando y posándose finalmente sobre las ramas de un fuerte árbol.
Poco a poco iba percatándose de la extraña forma del árbol, hasta darse cuenta, angustiado, de que ese árbol no era tal, sino el corpulento miembro de su amigo.
El pene de Javi era descomunal, tenía incluso ramas a su alrededor donde revoloteaban y descansaban los pájaros, que no eran otros que sus amigos que se reían de él picoteándole en el cuello mientras él corría colina abajo, gritando para que le dejaran en paz.
Ya a salvo se detenía para tomar aire, y al volverse podía ver la colina, que no era otra cosa que su amigo Javi tumbado al sol mientras su pene se erigía como un robusto árbol.
Por más que lo intentó no pudo superar un trauma que, a esa edad, se había convertido en todo un problema que no podía compartir con sus padres. Tan obsesionado estuvo que prefirió no salir de su cuarto, y encerrarse allí para siempre.
Sus amigos, que antes incluso le idolatraban, dejaron de acudir a su casa a buscarle, y en el instituto las risas a su paso se hicieron mayores con el paso de los días.
Fue a raíz de ese día cuando su vida se transfiguró y Fran se adentró en un mundo solitario y triste del que nunca más saldría. Ese único problema se convirtió en un complejo tan grande que anuló su propia personalidad, haciéndole una persona solitaria, huraña y sin necesidad de amigos con los que compartir sus fantasías.
Para un muchacho de esa edad, edad en la que empieza a preguntarse cuándo podrá besar y tocar el cuerpo de una muchacha, su problema se había encargado de derruir todas sus fantasías y anhelos.
Lejos de pensar en las chicas a las que conocía, sólo podía pensar en el tamaño que podían tener los penes de sus conocidos y en cuánta diferencia podían sacarle al suyo.
Incluso por la calle iba observando los pantalones de los hombres con los que se iba cruzando, y en todos – producto sin duda de su acomplejada obsesión – encontraba unos bultos desproporcionados que le hacían odiar a todo hombre que se encontraba.
Tan obsesionado estuvo que no paró de buscar en enciclopedias el desarrollo y tamaño del aparato reproductor masculino a lo largo de la juventud. Alarmado comprendió que lo suyo era un caso especial y que nada podría hacer por remediarlo salvo mantenerlo escondido y no dejar que nadie más lo viera y se mofara a su costa.

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Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

4 comentarios sobre “SEXO DINERO Y OTRAS AMBICIONES, CAP. 3: EL CONCURSO”

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