EL CALZONAZOS

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La maté por… ¡Por calzonazos!
¿Que no lo entiendes? Déjame que te explique.
Desde que nos casamos siempre hice lo que ella dijo. Ella mandaba y yo obedecía. Así, sin más. Un día, otro, en vacaciones, en el trabajo – trabajábamos juntos además – ¡Siempre!
Me trataba mal, como a su esclavo, me dejaba en evidencia siempre que podía, y no dudaba en humillarme. ¡Si hasta a nuestro perro lo trataba mejor que a mí!
Yo era un calzonazos, lo reconozco, y como tal siempre le hice caso… En todo lo que decía. Ella mandaba y yo obedecía. Hasta que me cansé.
Cuando le dije que la dejaba ella me dijo que tendría que ser por encima de su cadáver… ¿Cómo no obedecerle? Ya lo he dicho, yo siempre fui un calzonazos… Hasta ese último instante.
¿Lo entiendes ahora?

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