LA FIESTA DE CUMPLEAÑOS

wpid-img_23983528499255.jpeg¿Quién iba a imaginar algo así? Todos los invitados seguían despiertos, y eso que la mañana ya había llegado hacía unas horas. Todos habían sido citados allí, en aquel tabanco tan bonito, su preferido, y habían sido invitados para celebrar su cumpleaños… Todo iba a ser fiesta, alcohol, amistad, y alegría. Nadie esperó aquel final de fiesta que aún no había llegado, y que aún tenía a todos desconcertados y asustados… ¡Muy asustados!
Nadie hablaba con nadie. Algunos abrazaban a sus mujeres, aún incapaces de asimilar lo que allí había pasado… Él y ella… Era algo imposible ¿Cómo habían podido hacerlo?
Horas antes, cuando aún era de noche, la fiesta transcurría como siempre. Todos reían, todos jugaban, y todos bebían. La música sonaba tranquila, las voces no tanto, y sí – ¿Por qué no decirlo? – allí había muy buen rollo.
Él los había invitado a todos precisamente para eso, para disfrutar los unos de los otros, sin otro objetivo, pero ya se sabe… Él era así de sorprendente.
Toda la noche – puede que fuera por esos estupefacientes que nunca tomaba, y que esa noche sí tomo – estuvo raro. Era como si ese hombre fuera otro diferente, y pasó toda la fiesta detrás de aquella mujer – su amiga – sin importarle nada que no fuera ella misma. Toda la noche la estuvo mirando en secreto, y ella hacía lo mismo con él, aunque no se diera cuenta de ello, jugando un juego que ninguno de los allí presentes pudieron percibir. ¿Quién iba a imaginar que alguien como él, alguien que no era nada, pudiera sentir eso por alguien como ella? Ella, la mujer inaccesible, grande en todos los aspectos, hermosa como ninguna otra, ninfa del reino de los cielos, de largo pelo trigueño y ojos inmaculados, cual la inmaculada concepción.
Esa mujer se convirtió en su obsesión, y jugó con ella, la hizo beber, intentando tenderle la red… El cazador había salido a cazar y esa era su noche: ¡Era su cumpleaños!
A altas horas de la noche, cuando el alcohol y las drogas ya habían superado su propio límite, él la siguió al baño mientras los demás seguían a lo suyo. Ella, al verle entrar, se asustó.
– ¿Qué haces aquí? – preguntó asustada, al ver cómo cerraba la puerta
– voy a hacer lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo.
Ella intentó resistirse, incluso gritó, pero él ya la había arrinconado contra la fría pared de aquel luminoso baño.
Los gritos de esa mujer alertaron a los demás invitados, que no dudaron en acercarse hasta la puerta, gritando e intentándola echar abajo.
Ella gritaba histérica, cada vez con menos fuerza, y él seguía poseído por esa ira extraña que se había apoderado de su poca lucidez. El marido de ella golpeaba la puerta desde fuera, gritando histéricamente.
Cuando consiguieron echar la puerta abajo, nadie podía creer lo que allí estaban viendo… Aún muchas horas después, en la fría sala de aquel cuartel de la guardia civil de Navalcarnero, todos podían ver aquella imagen dantesca: Había sangre por todos lados. Ella ya no gritaba, y él – completamente fuera de sí – seguía acuchillándola con aquel brillante cuchillo jamonero.

5 comentarios

  1. Joder, que mal rollo!! No se si ir esta noche al Tabanco… Jajaja
    Tu imaginación a veces es desbordante y sorprendente!! Aunque en esta historia se venía venir algo fatídico.
    Saludos!

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