que algo sea diferente no quiere decir que sea siempre bueno…

wpid-img-20150219-wa0019.jpgTodos los días de su vida eran los mismos, con distintos nombres, pero todos iguales: un lunes, un martes, un siete de febrero, o un ocho de marzo, no se diferenciaban en nada.
Todos los días eran iguales hasta que apareció él. Ese día, de repente, como pasan los milagros en las vidas de los niños, un deseo dormido despertó en ella, y ya fue imposible despertar.
Con impaciencia, con emoción, y, sobre todo, con ilusión, esperó volverle a ver, y sus horas dejaron de ser iguales… Ya no era lo mismo que fueran las nueve, o las doce, o las seis, si él no estaba por allí. Tampoco un jueves, o un martes, eran igualas; ni siquiera un seis de Agosto en pleno mar… ¡Todo había cambiado en su vida, y ya nada era igual!
Cansada, con mucho pesar, y demasiada angustia, despertó de su emocionante fantasía, y, desde entonces, sólo necesitaba los ojos de ese hombre, su sonrisa, o ese gesto tan suyo de mesarse el cabello, para ser completamente feliz.
Lo triste de esta historia – como pasa con todas las historias – es que ese hombre no quiso mirarla nunca de igual a igual, y ella, desde entonces, ya no pudo volver a dormir.

Ya se sabe: que algo sea diferente no quiere decir que sea siempre bueno… Ni malo.

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