wpid-wp-1420356538278.jpegellos iban en un coche. Iban juntos. No iba nadie con ellos. La carretera no existía. Ella conducía. Él también – lo que demostraba que no era sido real, sino otro de los muchos sueños que tenía con ella – Parecía un ángel, y sonaba música de piano de fondo. Él bebía Coca cola y fumaba un cigarro. En realidad fumaba y bebía de ella. Ella hacía lo mismo. Los pies de ella estaban sobre el salpicadero. Vestía un vestidito corto, de tirantas finas. Su piel era trigueña, como su pelo, y la mano de él se deslizó hasta sus piernas, y las acariciaron al son de la música. El sol entraba por la ventana, y ella le sonrió.
– ¿Sabes que esto no está bien? – le dijo, deteniendo su mano justo en la rodilla,
y me desperté, y le dejé a él – a mi aquel yo – sin pedirle perdón, sin decirle que le gustaba mucho, sin decirle que la amaba en secreto, y, lo que es peor aún, sin… sin… sin… ¿ves? si no me atrevo a escribirlo cómo iba a decirlo, aunque fuera en un sueño?

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