¿ME LLEVAS AL OTRO PARÍS, CARIÑO?

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¿Si fuera contigo a París…? ¿La torre Eiffel…? ¿El Louvre…? ¿Mont Martre…? ¿El sagrado corazón…? ¿D’orsay…?
Primero tú, después tú, y por último tú… De todos modos, siempre podría volver otra vez ¿no?

¡DÉJALAS VOLAR!

FB_IMG_1421715266411LAS MARIPOSAS, O ESTÁN EN EL CAMPO, O ESTÁN EN EL ESTÓMAGO DE ALGUIEN… EL QUE OSA ATRAPARLAS, CLAVARLAS, O ENCERRARLAS, NO MERECE OTRA SUERTE QUE LA QUE ÉL MISMO LES HA PROPORCIONADO A ELLAS.

LAS MARIPOSAS SON LAS HADAS DE NUESTROS OJOS, ESAS QUE NO SABEMOS YA VER CON LA IMAGINACIÓN…

SI SABES CUIDAR DE ESAS MARIPOSAS, Y LAS DEJAS LIBREMENTE VOLAR, TE LLEVARÁN CON ELLAS AL PAÍS DEL DELEITE, AL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, O, MEJOR AÚN, AL PAÍS DE NUNCA JAMÁS,.. ESE PAÍS EN EL QUE CRECER Y “SERIEAR” ESTÁ TERMINANTEMENTE PROHIBIDO.

LAS HISTORIAS ¿DE DÓNDE SALEN?

el otro día me preguntó una amiga que de dónde sacaba las historias que escribo. Le dije que no lo sabía, que dependía del momento. Unas veces salían de la plaza, otras de la calle, otras de la playa, otras de la noche, pero la mayoría de ellas salían al mirar un cuadro o una fotografía. El arte, si lo miras detenidamente, te cuenta unas historias que sólo tienes que copiarlas al papel.

Reconozco que no me atreví a decirle que ella misma había inspirado alguna vez alguna.

DESVARÍO MENTAL SOBRE HOY

FB_IMG_1421715182137¿Te has parado a pensar que esa persona estúpida, que nunca te sonríe, a lo mejor no lo hace porque no es capaz de encontrar un verdadero motivo? ¿Y si no hay nadie que la haga feliz? Prueba a sonreírle, a decirle algo amable. A lo mejor su actitud cambia, como debería cambiar el mundo.

¡Hagamos de este mundo algo más humano, más animal… Menos impersonal!

Como decía alguien muy especial: “toquémonos más. Sonriamos y… ¡Contagiemos el mundo!”

LA CONDESA SANGRIENTA

Elizabeth Báthory (1560-1614) más conocida como “la condesa sangrienta”, ostenta un terrible récord de asesinatos, más de 650, en una macabra búsqueda de la belleza. No en vano, se la considera la peor depredadora que haya tenido la historia del crimen1.
En 1575, cuando Elizabeth era una joven de 15 años de edad, se casó con el conde Ferecz Nádasdy, de 20. La pareja se trasladó a vivir al solitario castillo de Csejthe donde Elizabeth quedó prácticamente recluida.
La existencia de la condesa se hizo tediosa y solitaria. Sin poder salir de su castillo por orden expresa de su marido, Elizabeth empezó a intentar escaparse por diversión, hecho que consiguió en varias ocasiones en las que vivió alguna que otra aventura, entre ellas, una fugaz con un excéntrico joven conocido como “el vampiro” por su extraño aspecto y vestimentas2.
Tras los muros de su castillo, la condesa se rodeó de extraños sirvientes con los que practicó experimentos brujeriles y relacionados con la alquimia. Entre ellos, una bruja llamada Dorkó y su antigua nodriza, Jó Ilona, quien empezó a aconsejar a su señora el uso de la sangre para evitar los efectos del paso del tiempo. En aquel tiempo, Elizabeth ya empezó a martirizar a sus sirvientas con los más retorcidos métodos como cubrirlas de miel y dejarlas en medio de un jardín para deleite de los insectos o dejarlas en el frío invierno fuera mientras las congelaba con gélidos cubos de agua hasta convertirlas en auténticas estatuas de hielo.

LO IMPOSIBLE DEL SOL Y LA LUNA

IMG_93343780104616Érase una vez dos. Uno se llamaba sol, y la otra luna. Los dos eran astros. Los dos disfrutaban del mismo cielo, pero también los dos vivían unas vidas diferentes. Aun así, desde el primer momento, sin ninguno pretenderlo, ambos se enamoraron. Al principio en silencio, después con gestos, hasta que finalmente la chispa prendió. En realidad resultó inevitable, como suelen pasar esas cosas, y ambos disfrutaron de su especial relación.
Había un momento especial en sus vidas al día en el que ambos coincidían. Era ese momento en el que la noche da paso al día lentamente, y había días en los que ese momento se hacía mayor, y ambos disfrutaban de él, y había otros que era por muy poco espacio de tiempo… Aun así siempre disfrutaron de ese momento.
Con el paso del tiempo algo cambió entre ellos. El sol y la luna seguían enamorados, y cada vez más, pero uno de ellos pretendió dar un paso más… Fue la luna la que deseó vivir con el sol su día, y que él compartiera también su noche, sin comprender que eso, simplemente, era un imposible. La luna quiso vivirlo, aunque fuera una sola vez, pero necesitaba saber qué era estar entre sus calientes brazos. Al sol también le apetecía, pero, quizás por tener más luces, era consciente de la imposibilidad del después, y del daño que pudiera acarrearle.
Ella quería más, ella quería disfrutar de él como hacían los pájaros diurnos, como hacían las personas, ella quería llevarle a sus noches de verano, a las de invierno, y quería que, juntos, disfrutaran de algo que, como ya hemos dicho antes, y ambos sabían, era totalmente imposible.
El sol no quiso concederle ese deseo, y la luna fue apagándose poco a poco, como todo lo hace.

la muerte y la Dickinson

Morir no duele mucho…
Morir no duele mucho:
nos duele más la vida.
Pero el morir es cosa diferente,
tras la puerta escondida:

la costumbre del sur, cuando los pájaros
antes que el hielo venga,
van a un clima mejor. Nosotros somos
pájaros que se quedan:

los temblorosos junto al umbral campesino,
que la migaja buscan,

brindada avaramente, hasta que ya la nieve
piadosa hacia el hogar nos empuja las plumas.