DICEN, LOS QUE AÚN NO HAN MUERTO, QUE MORIR ES CASI COMO NACER

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Dicen, aquellos que aún no han muerto, que morir es muy parecido a nacer…
Dicen que allí, en ese momento, de repente hace frío… Mucho frío. De repente también aparece un calor sofocante… De nuevo frío… Casi a punto de la congelación. Un dolor extraño, de esos que no eres capaz de saber en qué parte del cuerpo está, se disfraza de todo tú y se hace dueño del momento.
Inmerso en una oscuridad silente te sientes tan solo como en realidad estás. Algo atenaza ese pequeño cuerpo que creías domar, y los nervios se tallan en mármol frío, alejándose de lo que por un momento creíste ser, pero que sabes que nunca fuiste.
Un viento gélido acerca el eco lejano de un tétrico toque de corneta que suena desde hace ya tiempo, aunque no supiera de él… Y ese sonido se hace tétrico, opaco, y atraviesa la sala blanca en la que te conviertes, y arrasa con todo. No queda nada. No quedas nada, y sabes que, en realidad, te estás preparando para desaparecer.
Entre el silencio se intuye un diálogo extraño entre vino y agua derramada… Y es el agua quien se hace esencia, y quien deshace ese espíritu cálido del buen vino que me gustaría escanciar sobre mi sedienta boca.
Hay también rumores de voces lejanas que se intentan comunicar pero que eres incapaz de entender. Hay rostros que se intuyen pero que no se pueden ver porque no recuerdas rostro alguno en ese pasillo angosto por el que te pierdes.
Oscuridad… Mucha oscuridad. De nuevo dolor. Todo se estrecha y todo se aprieta a ti. Hay una necesidad imperiosa de dejarse llevar, de escapar de allí. Algo te arrastra, pero no huyes porque eres consciente de tu insignificancia, y la tierra manchada de fresca hierba que pisabas se abre ante ti y te muestra más tierra, pero desértica.
De repente una luz extraña te recuerda que tienes ojos, y que puedes ver. Te deslizas como serpiente ciega hacia ella, pero todo sigue doliendo, todo se hace más frío aún, hasta que llegas a esa luz… Ahí, cuando por fin te bañas en ese estampido de calor blanco que te ciega, todo termina.
Una losa fría que se abre o se cierra… Nunca se sabe bien qué es en realidad, pero cuando oyes el ruido último sabes que todo ha terminado… ¡Todo! Y ya, después de eso… ¡Nada!

Dicen, aquellos que aún no han muerto, que morir es muy parecido a nacer… Lo que pasa que en uno vienes de la nada al todo, y el otro es a la inversa.

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