MI BANDERA

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No se me ocurre mejor bandera que defender a muerte que la de quitarte alguna vez la ropa, izarla hasta el mismo cielo  y ondearla.

NO SIEMPRE SE BESA CON LOS LABIOS, NI SE ACARICIA CON LOS DEDOS

tatuajes-de-frases-para-mujeres¿Cómo se llama cuando en mitad de la noche dos hombros desnudos se acarician y, de pronto,  la música se desvanece,  los demás desaparecen y la noche se hace día? Eso es lo que pasa cuando se ama con dieciséis, que es la edad que siempre se tiene cuando aparece alguien especial.

 

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Hace verano

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Cada vez que estaba junto a ella me alejaba de los cuarenta y volvía al cumpleaños de los diez… Mirarla era como soplar aquellas velas rodeadas de rayas de color, cerrar los ojos y pedir un deseo; acariciarla era escuchar aquel “te deseamos todos… cumpleaños feliz”; y besarla era como volver a desenvolver aquel regalo tan esperado, ese que siempre que veías en el escaparate de la tienda, y lo pedías, tu madre te decía: “para tu cumpleaños”.
Con ella siempre era mi cumpleaños

QUE ME LEAS…

la musaLos escritores, los pintores, los músicos y los escultores no escriben, ni pintan, ni componen, ni esculpen para satisfacer a otro que no sea él mismo al imaginar a su musa leyendo, admirando, oyendo, incluso acariciando aquello que se ha hecho exclusivamente para ella.

¡¡¡SUEÑAAAAAAA!!!

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Lo bonito de saber soñar, y recordar los sueños cuando despiertas, es que en ellos eres capaz de todo, en ellos no existe el miedo, y en ellos nadie es más que tú, ni tú menos que nadie. En los sueños te atreves a mirar a los ojos a esa gente que te derrumba con su parpadeo, también te atreves a tocar esa mano siempre esquiva, e incluso eres capaz de volar si es necesario. En los sueños, y de ahí su importancia, no importan las consecuencias porque no temes a nada que no sea ese momento… En los sueños nunca aparece el futuro. Allí sólo existe el presente, y es por eso por lo que en los sueños no se debe temer. Así que… ¡Sueñaaaa!

 

HAZME TUYA PARA SIEMPRE

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Estamos solos en ese salón tan grande que tanto se parece a ti. Te levantas y abres la botella de vino. Vuelves al sillón y te sientas de nuevo, con tus pies bajo tu culo, como se sientan los ángeles pecadores, mostrándome tus rodillas que parecen de marfil y canela. Colocas las piezas del juego al que jugamos con tus exquisitos dedos, sin mirarme, y eso me otorga la ventaja de poder disfrutarte no sólo como amiga. Alli, frente a mi, está mi amiga, esa mujer siempre con una mano tendida y un abrazo en la recámara, pero también está esa mujer capaz de vencer a su propia belleza, arrancarla, e ir entregándomela para que me sacie con ella. Esa noche  eres ambas mujeres: la amiga y la carne.
Tu empiezas la partida. Yo intento.descifrar tu jugada, pero no la que hay en el tablero, sino la que ya hace tiempo ha empezado sobre esa alfombra de la que no me levantaría en mi vida. Tu estás inmersa en el juego, concentrada… Yo, empiezo a querer perder esa partida y ganar la otra. Yo juego dos partidas pero tu belleza extrema, esa que veo yo, sólo me deja concentrarme en una de ellas… En realidad una de ellas ni la estoy jugando.
Asustado, poseído por su exagerada belleza que me atrae como nunca me atrajo nada, libero mi alfil mientras tú llevas a tu torre a un lugar mas seguro.
El tablero no existe ya para mi. Tus movimientos descubren un escote generoso que me hace perder el control. Lo miro, admiro tus turgentes senos escondidos tras la tela del camison. Me encanta eso… No verlos pero intuirlos, hasta que, de pronto,  uno de ellos se asoma por el escote despistado. Me miras muy seria. Yo intento apartar la mirada pero sé que me has descubierto en mi osadía. No dices nada, sonríes nerviosa, y me dices que sigamos la partida.
Me has descubierto observándote con descaro y no te molesta. Eso me emociona, y me excita. Sé que no te molesta porque sabes que, en el fondo, te amo.
Cambias de postura y cruzas las piernas. Jamas había visto unas piernas tan largas y esbeltas, pero sigo fijándome en tus labios que parecen dos fresas para mi.
Dios, como te deseo en ese momento, pero esa que hay frente a mí eres tú, mi amiga, y no puedo hacer algo que rompa lo nuestro… Sea lo que sea.
Seguir allí se me hace agotador, intenso, y, sobre todo, ameno, imaginando por fin ese primer momento contigo, y me permite disfrutarte como tantas veces he soñado mientras tú no estabas a mi lado.
Te deso. Más cada segundo que pasa. El tiempo se detiene mientras observo y grabo todo el territorio de tu majestuoso cuerpo, de esos senos que me muestras sin saberlo (¿o si que lo sabes?) y de esos labios de los que quiero comer ya.
Otro movimiento sobre el tablero y tus senos se muestran pletóricos ante mis debiles y hambrientos ojos. Enciendes un nuevo cigarro, y yo otro. Ambos volvemos a fumar. Una de tus piernas descansa dormida sobre el sillon, la otra, seductora como tu, se pliega en triangulo dejando tu muslo en libertad.
Si fuera un cazador – pienso mirándote – sacaría mi arma y te abatiría sin miramiento, pero no para matarte, sino para gozarte.
Te juro que lucho por no mirarte, para seguir así respetándote, pero tu belleza deslumbra hasta con los ojos cerrados.
Ahora entra en juego tu olor. De pronto, con los ojos cerrados, creo volver a mi ninez, a aquella panaderia de detrás de mi casa donde tanto me gustaba ir por ese olor a pan recién hecho.
Abro los ojos y tus muslos me vuelven loco. Tus.senos ya casi bailan fuera del escote que ya no los somete, y llega lo mejor de todo.
– ¿porque me miras asi? – me preguntas nerviosa
– ¿yo?
– sí, tú, me miras de manera rara
– no te lo puedo decir – contesto cabizbajo
– ¿Por qué? ¿te da miedo que me ría de ti?
– todo lo contrario
– venga dímelo ¿te gustaría…?
– sí, más que nada
– pues hazlo
– no estaría bien. Tú no te lo mereces
– eso deja que lo decida yo.
Tus ojos se cierran, me muestras tu boca, y nos besamos.
Es en ese beso donde sé que todo ha acabado en el momento de empezar. ¿Y sabes por qué? porque sé que todas las sonrisas que, hasta entonces, has despertado en mí, allí se quedarán, pegadas a tus labios…
Ya no volveré a sonreír jamás, porque tú misma me has dicho que nunca más volverá a pasar.
– Hazme tuya para siempre- me dices, cerrando los ojos de nuevo
– ¿mía? ¿para siempre?
– sí, por favor, lo deseo tanto…
– pídemelo otra vez
– hazme tuya… Hazme tuya
– ¿y tu marido?
– ¿mi marido? ¿qué tiene que ver él en esto?
– él será quien más perderá… Te perderá para siempre
– ¿Qué estás diciendo? ¿Por qué me miras así? Me estás asustando…
– Normal que te asustes… Te voy a hacer mía para siempre
– ¿qué vas a hacer con ese cuchill…?

EL SINO DEL PERDEDOR

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El oleaje que surgía de sus ojos arrasaban  el cuerpo nocturno de aquella hermosa mujer, pero ella, ajena a él, permanecía impasible… ¡Tan impasible como imposible!

Hordas acedecianas toman la capital

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Ayer Madrid era como Minas Tirith… Medianos, hombres y enanos compartían ilusión y calles… Y al final del día ataque mortal de Sauron y sus orcos.
¡Batalla espectacular!