EL SALTO DEL TRAPECIO

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Siempre andamos, por la vida, esperando a otra persona para que nos ayude a saltar y realizar ese que, sin duda, es el más difícil todavía, en el trapecio de la vida, y, a veces, es mejor no saltar, y quedarse donde uno está, sin correr riesgos innecesarios que además sabes que sólo conducen al estrepitoso suelo.

A veces, quedándote sentado en tu cuerda, y observando el paisaje desde arriba,  demuestras más valentía que saltando, y hacerlo  con los ojos cerrados, a ver lo que pasa.

SI ME LO VUELVES A PREGUNTAR…

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, , ,IMG_38692106982740Desde que aquella mujer – manchada de todos los colores – entró en nuestras vidas en blanco y negro, siempre me has preguntado lo mismo, y lo has hecho porque siempre has sospechado que entre ella y yo había algo más que una bonita amistad. Casi a diario me has preguntado si tenía algo con ella, si nos habíamos besado, o si…  O sí sí. Y siempre te he contestado lo mismo. Siempre te he dicho que no, y nunca te he mentido… Nunca, hasta la próxima vez que me preguntes. Confieso que si lo vuelves a hacer, esa vez sí tendré que mentirte… Y lo haré por ti, por mí,  por nosotros, y por ella.

Por suerte tú nunca lees mi diario, y sólo espero que no lo vuelvas a preguntar.

HACE VERANO

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las vías de tu tren

 

Ramón Casas Carbó1
Me gustaría crear, por primera vez,  las vías del tren que cargaran el placer que sólo yo ansío – no tú –  sobre la tierra mojada que mancha el mar que hay en tu espalda. Para dibujarlas sobre ese puente no usaría hierro, ni madera, ni siquiera tornillos… Tan sólo acudiría a mis uñas para marcar el camino, y con ellas haría las marcas-guía que dibujaran ese sendero que conduciría mi boca hasta los secretos más íntimos del pozo profundo de tu deleite…
¡Y allí gozarte! ¡Y allí, hacerte gozar!

Y, si acaso fuera un sueño, no despertar jamás, y así, no dejar de viajar.

LIBRO PARA LEER EN LA PLAYA: LOS DÍAS QUE ME DEBES, DE TERESA MARTÍN.

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11355647_10205638463058360_719274898_nQueridos motrileños – viváis en Motril, o no; seáis de Motril o no – corren por las calles de la ciudad un nuevo aire veraniego ¿Lo notáis? Pues no sólo es culpa de nuestro Mediterráneo querido, ni de Sierra Nevada… Se trata de la brisa que levanta cada paso de página del poemario de nuestra vecina Teresa Martín. Y en ese aire no hay otra cosa que un extraño misterio que, aunque parece tejido con inmerso de dolor, sobrevuela a base de sonrisas escritas con alas soñadoras y esperanzadas.

Llega el verano, y con él no sólo llega el tiempo del chiringuito, sino también de los largos ratos de playa y sol. No es un mal plan el de coger este libro y devorarlo frente al Mediterráneo donde seguramente la artista también esté dándose un chapuzón o una “campucía”.

10438322_10205638408937007_2570297496703882158_nPuedes comprarlo en esta bonita librería, situada junto la plaza de “Los Agustinos” o la plaza “del pescao”

¡LÁNZATE! LA VIDA ES MUY CORTA

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No dudes en lanzarte a por aquello que tanto deseas… Ya sea un viaje demasiado caro, una cita con la única chica con la que quisieras citarte, jugar un partido que sabes que no podrás ganar, una comida que no te puedas permitir en un lugar único, una cena romántica con alguien que no sabes si aceptará, una aventura llena de peligros y emoción, o un hombre que sabes que te volverá loca…
Si no intentas conseguir aquello que deseas, y te permaneces impasible, sólo tendrás una opción: la de perder. Y si lo intentas, las opciones ya serían dos: o vencer, o perder.
Si vences conseguirás cumplir el sueño…
Si pierdes te quedará la experiencia de haberlo intentado.
A veces, la experiencia adquirida es mejor que el sueño cumplido. La experiencia es aquello que consigues cuando te quedas sin aquello que tanto querías conseguir… Y eso enseña
¡Y mucho!

LOS OJOS GRITAN A LÁGRIMAS

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la mayoría del tiempo que pasaban juntos, que no era ni la mitad de lo que desearían, sus bocas permanecían calladas, como sus manos, como su cuerpo entero. Sólo sus ojos, cuando se atrevían a enfrentarlos, eran capaces de hablar… ¡Y qué de cosas se decían a gritos silenciosos!
Eran tantas las cosas que se decían que, la mayoría de las veces, preferían cerrarlos – o apartarlos de los suyos – y así seguir callados como sabían que tenían que estar… Y es que ellos no tenían bocas para gritar su amor, pero sí tenían ojos que lo gritaban  a lágrima viva.