DÍAS DE LARGO PELO DE LLUVIA

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En los días de lluvia intensa, de esa que hace que todos los demás corrieran a resguardarse bajo sus casas, ellos dos se quedaban en la calle imaginaria y bailaban al son de la poesía que el cielo recitaba para que enjuagaran esa pasión que ya no sabían – ni podían – ocultar.

los colores de la lluvia

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El viejo tronco – ¿o era yo en esos días? – era triste y desolado, siempre de color grisáceo, pero la lluvia – ¡Ay la bendita lluvia! – sacó de él sus mejores colores, esos que ni el mismo Degás, ni Dalí, ni Modigliani, ni Juan Gris, ni Moreau, ni ningún otro artista podría sacar…

Pero… ¿Fue la lluvia la que lo hizo, o eran mis ojos?
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GRACIAS POR LA FOTOGRAFÍA, AMIGA. 

¿SABES QUIÉN CREA LA LLUVIA?

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En el nacimiento de la lluvia siempre se extendió esa idea – nada romántica, por cierto – de que todo se debe a un simple contratiempo meteorológico, pero nadie – o muy pocos – saben que nada tienen que ver el mar, ni las nubes, ni las montaňas, ni los ríos… Ni siquiera la condensación.

Son las personas más bellas, esas que corren por todos los rincones del mundo, quienes crean esa cortina de magia para los que siempre la vemos como un fondo de película romántica… En realidad, la lluvia no es sino otro producto de la imaginación de los enamorados: un decorado más.

LO MALO DE LA LLUVIA

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Lo peor de los días de lluvia no es otra cosa que ver como, por culpa de ella, te marchas corriendo para ya no volver. Y es que, lo malo de la lluvia, como lo malo de todo, eres tú, y esa manía tuya de no querer mojarte nunca conmigo, y de no querer bailar el “I´m singing in the rain…”

pdta: Sí, tú eres lo malo de la lluvia.

EN UN DÍA DE LLUVIA PEDIRÍA…

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En un día de lluvia pediría ser la lluvia que te mojara, y así poder entrar en ti a través de tu piel, de tus ropas mojadas, o incluso de tu boca. Y pediría también ser esa misma lluvia que, después, cayera desprendida de tu cuerpo y que finalmente pisaras descalza, y sobre la que bailarías llena de gozo.