LA QUE ENCIENDE SU LUNA

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Hace ya mucho, mucho, pero que mucho tiempo que todas las noches, mientras él duerme, ella se levanta sin hacer ruido de su cama. Es posible que hasta sea sonámbula y lo haga sin querer, sin ser consciente de estar haciéndolo, pero lo hace. Esa hermosa mujer descorre las paredes de la habitación, se sube sobre esa silla en la que se sienta para maquillarse cuando es de día, sube sus manos al cielo, y enciende la luna para que él pueda soñar con ella toda la noche… ¿No es hermoso? Pues ella lo es más aún.

EL MAR, ELLA, Y… NADIE MÁS

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Por fin estaban juntos…
Por fin ella y el mar…
Por fin el mar y ella…
No faltaba nadie allí…
Si acaso, sólamente él.

COSAS DE MUSAS

Estoy enfadado contigo, muy enfadado. Nunca me has contado que tuviste otras vidas anteriores, y mucho menos, que ya eras musa.

Leon François Comerre, Francia, 1850-1916.

FÚTBOL DEL DE VERDAD (los partidos de verano en la playa)

Esta que aquí vas a leer es la historia de un joven hombre… Pero no es la historia de un hombre normal, sino de un héroe – al menos para muchos otros. Él, en cambio, nunca se ha sentido diferente al resto… Si acaso, con más suerte.Y esta historia la vamos a empezar por el final, pero solo para hacerla más bonita, más feliz y -¿por qué no? – también más humana.
Esta historia termina en un lugar húmedo, oscuro, bajo tierra. Allí, veintitantos hombres permanecen encerrados en silencio, sin ventanas, sin aire limpio, y tan solo iluminados por unos modernos focos colgados de un techo de hormigón. Allí dentro sólo hay hombres… O niños… ¿Quién sabe? Lo que no hay es una sola mujer. Todos están tristes… ¿Tristes? Más bien abatidos, con gestos funestos y casi funerarios, con las miradas perdidas en el sucio suelo donde descansan decenas de botellas y latas vacías que fueron bebidas aún con un halo de esperanza y, por tanto, de alegría. Ahora todo es distinto… Solo hay tristeza y desolación, que se mezcla con ropas sucias y sudadas y con extraños zapatos masculinos de todos los colores.
– Mierda, joder, siempre igual, qué mala suerte…” son las expresiones que se oyen en ese lujoso vestuario situado a más de dos mil kilómetros de aquel mágico lugar donde jugó sus primeros partidos de fútbol en compañía de aquellos a los que aún hoy llama amigos.
Entre gritos, insultos y respiraciones cansadas, se oyen también algunos jadeos infantiles que nada tienen que ver con esos rostros varoniles de donde salen, y alguna que otra lágrima incapaz de ser detenida antes de caer sobre el suelo.
De entre todos ellos, Carlos, el portero del mejor equipo de la historia del fútbol, llora con más fuerza y rabia que ninguno, solo, alejado del resto de sus compañeros, recibiendo la panacéa que nace bajo el agua caliente. Es allí, bajo el agua, donde mejor se siente tras una derrota… En realidad es el único lugar donde puede refugiarse del dolor provocado tras un gol encajado.
Allí, bajo ese agua, llora como siempre que pierde, y ese es, sin duda alguna, el partido más especial de todos los disputados… Él lo sabe mejor que nadie. Esa que acaban de perder era su tercera final de Champions – perdidas todas -,y la edad que refleja su D.N.I. también dice que será la última. Es hora ya de la retirada.
Es allí, bajo el agua caliente de la ducha, donde recuerda aquellos momentos mágicos en los que el fútbol era tan diferente… Aquellos días en los que el fútbol era sólo fútbol, un motivo para la diversión, para compartir momentos alegres con amigos como Paco, Juanqui, Pablo, Jesús, y sus queridas primas, y forjar amistades eternas. Bajo el agua caliente de la ducha cierra los ojos y el dolor empieza a mitigar recordando aquellos partidos jugados en la arena de la playa de Calahonda, junto a Juan Carlos, Pablo, Aida, Carmen, Blanca, Belén, Paco y junto a su padre y alguno de sus tíos.
Aquel lugar era mágico – piensa, con lágrimas en los ojos, recordando ese momento tan lejano en el tiempo como cercano en su pensamiento, el único lugar donde el dolor de una derrota se iba, al igual que pasaba con el sudor, simplemente tirándose de cabeza sobre aquellas aguas mansas del Mediterráneo.
¡Qué placer más enorme era mezclar el sudor, la arena y la sal del mar a esas horas tardías en las que los partidos terminaban!
Era allí, bajo ese agua salada y transparente, donde desaparecía la rabia provocada por los goles encajados y donde sólo quedaba la paz silente que reinaba estando sumergido. Allí debajo abría los ojos mientras extendía sus manos para nadar más fuertemente mientras miraba al horizonte, disfrutando de eso que él llamaba “el gran azul”. Allí, rodeado de un extraño silencio, buceaba hasta que sus pulmones le decían basta.
Cuando después salía la superficie veía a sus rivales – y también amigos – celebrando su victoria. Entonces, nuestro amigo Carlos sonreía porque sabía que el siguiente partido lo ganarían ellos… ¡O no! ¿Quién sabía? Allí podía pasar de todo…
Esos eran amigos, y compañeros. Y eso era fútbol… Fúbol del de verdad… ¿Verdad, lílola?

¿PECADO? ¡AMOR!

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Siempre que esa mujer veía a esa otra, paseando por la calle, sentada en el banco de la plaza, o tomando un vino en aquella terraza andaluza, deseaba comérsela sin pelarla, tan sólo lavándola, como le gustaba comerse los melocotones frescos.
Aún era verano… Y a ella, en verano, sólo le apetecía beber fruta fresca.

LA INOCENCIA DE UN NIÑO

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Sólo los niños tienen permiso para hacer las cosas sin pensar en sus actos… Y es, también por eso, por lo que tenemos que protegerles.

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Dejémosles hacerse mayores con naturalidad

¿Quieres oír la canción más antigua del mundo?

Según los arqueólogos musicales es una canción sumeria qie tiene 3400 años, y, por fin, podemos oírla.