EL BAILE QUE AMBOS QUISIERON BAILAR

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Mirándola a escasos centímetros sintió un extraño frío que sólo ella podría arrebatarle. Ambos sabían que no era frío, sino miedo, y ella lo hizo desaparecer con un abrazo de esos que roban el alma, lo estrujan, lo mojan, lo secan y te lo devuelven nuevo. Conteniendo la respiración, temeroso de que ese bendito y soñado momento, llegara al fin, esperó hasta penetrar en los labios de aquella ninfa con la que llevaba soñando toda una vida.
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El momento era único, el silencio creaba la música que ambos querían bailar, pero el miedo de él no le dejaba disfrutar de lo que allí estaba pasando… ¡Por fin estaban a solas! ¡Por fin había aceptado ese baile que llevaba pidiéndole casi desde que la conoció!
Se miraron temerosos. Ella no. Ella estaba segura. Ella había ido allí a eso, a bailar, a abrazarle al fin, a besarle… Él en cambio seguía temiendo que todo no fuera mas que otro de sus muchos y repetidos sueños…
Entonces ella, sabedora de que su miedo no le dejaría actuar, le besó en los labios con dulzura. Cuando lo hizo pudo escuchar cómo sus almas exclamaron al unísono: ¡Por fin!
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El beso fue suave, casi puntiagudo, y ambos sonrieron.
– Ya lo has conseguido – le dijo ella sonriéntole
– sí – contestó él abatido.
Después, volvieron a besarse, y lo hicieron por fin alejando los miedos primigenios, dejándose llevar por lo que tanto habían deseado a oscuras, y en silencio… ¡Y siempre solos!
Él la había besado ya mil veces, casi todas las noches, en su cama. Ella, no tantas, pero también lo había imaginado en la suya.
Al fin – como así lo gritaron sus almas abrazadas – habían dado el paso y ya no había lugar para el reproche… Ambos sabían que ya aparecería después cuando fueran otros los labios que les besaran, y otros los cuerpos que compartieran.
Olvidando las esposas que hasta ahora les habían mantenido alejados al uno del otro – en realidad, les habían separado mucho menos de lo que ellos mismos pensaban, pues ya habían hecho el amor miles de veces en unos sueños que parecían tan reales como esa realidad que estaban viviendo – se desnudaron tímidos y asustados.
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El cuerpo de ella era enérgico, pletórico, joven, vivo… Y eso le hizo sentir más poderoso, y menos pudoroso.
Después, sus cuerpos se fundieron como dos velas encendidas, con el mismo calor, y ambos se hicieron uno solo… Allí, sobre ella, se sintió todopoderoso e incapaz de ser derrotado.
Y de pronto desapareció todo lo que no fueran ellos dos. Primero desapareció el sofá, después las ropas que les envolvían, después el piso donde estaban, la ciudad, y sus gentes… Las de él… las de ella.
Bajo ese cuerpo que desprendía alcalinas descargas ella se sintió doncella, y su boca fue la triaca que le alejó de ese dolor que ya empezaba a remitir, sintiendo que solo la Gran Separadora podría arrebatárselo ya. Él bebió de sus rasgados ojos asustados mientras dibujaron (que no hicieron) el amor. Ella, vestida con los siete velos que envolvían su piel trigueña, acercó los labios a él y le dijo, sin miedo alguno ya, que se moría por disfrutar de él.
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Ella gemía gozosa, mirándole, alimentándose con una mirada que sabía que tenía que guardar pues posiblemente no se repetiría… Después, sin que él lo esperara, lloró tibiamente, y él se asustó.
– ¿Por qué lloras? – preguntó él, deteniendo su ímpetu y acariciando su bello rostro, embriagado por el vino que escapaba de la garganta de los barriles que eran sus ojos
– ¿te duele, amor mío? – volvió a preguntarle, sabedor de que esa mujer estaba haciendo algo que nunca hubiera querido hacer
– ¿Que si me duele…? – preguntó ella, olvidando su otra vida, y centrándose en el momento especial que vivía – la verdad es que me duele, pero no tanto como debiera.

7 comentarios

  1. entiendo que cuando ella dice que le duele menos de lo que debiera se refiere a lo emocional, a estar engañando a su marido por ejemplo ¿no? ¿me lo puedes explicar? Si es así es precioso

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  2. como para no bailar y como para no sentir algo de dolor al final, pero el dolor hay que apartarlo. ¿Quién te dice a ti que tu pareja no te lo está haciendo a ti? En esta vida deberíamos aprender a hacer las cosas que nos apetecen, siempre con cuidado de no hacer daño. Así que mejor que no se entere la mano derecha de lo que hace tu izquierda

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  3. por aquí andamos convencidas de que este texto no es solo literatura sino que esconde algo más, algo que poir fin ha pasado y que tanto tiempo llevábamos deseando leer. ¿Es así? Cuentanos algo.
    El otro día la vimos en la calle y tenía algo diferente en la cara esa mujer. Se le notaba que tenía algo que siempre le había faltado y estamos convencidas de que ese algo eras tú.
    Nos ha encantado a las tres

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  4. – ¿te duele, amor mío? – volvió a preguntarle, sabedor de que esa mujer estaba haciendo algo que nunca hubiera querido hacer
    – ¿Que si me duele…? – preguntó ella, olvidando su otra vida, y centrándose en el momento especial que vivía – la verdad es que me duele, pero no tanto como debiera.

    madre mía

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