SABIOS LELLADOS

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la mayor parte del tiempo que eran capaces de compartir sus bocas permanecían selladas, al igual que las ventanas que había en sus corazones, y en las puertas de sus cuerpos. Tan sólo sus ojos – los cuatro – cuando encontraban el valor suficiente para enfrentarlos, eran capaces de hablarse… ¡Y qué de cosas se decían!

Se decían tantas, tan variadas, y tan alocadas, que preferían cerrarlos – o apartarlos – y poder seguir así más tiempo callados, y engañando a los demás… Porque a ellos – ninguno al otro – podían hacerlo por más tiempo.

Cuando estaban tan cerca a él se le levaban los sabios… No es una errata; es lo que siempre le pasaba a su lado: que no era capaz de gesticular dos palabras seguidas con sentido.

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