CREATURES OF THE NIGHT


Él era una criatura de la oscuridad, de la tristeza, de lo nigromántico… En definitiva, él era una criatura de la noche. Ella era un ángel de la hilaridad, de la luz, del destello… En definitiva, ella era una criatura del día. Una vez él decidió cambiar de mundo y probar cómo era aquello de lo que tanto le hablaban, y que tanto temían, pero no salió bien. Allí no tenía poder… Allí era como un niño desvalido y cayó en desgracia, y no pudo volver a su noche. Las cadenas de su nocturnidad eran muy pesadas para tanta luz, y, cegado, tuvo que quedarse allí en medio de terribles sufrimientos, arrastrándose en medio del frío que tanto daño le hacía. Por suerte, ella, que volaba por allí, le vio llegar a una cueva, se acercó sin miedo e intentó calmarle a pesar de su rudo aspecto infernal. Él intentó que no se acercara, sangrando y atenazado por unas cadenas que allí arriba pesaban demasiado. Ella, a pesar de su aspecto,  vio un brillo amable en sus ojos, y en su cara algo especial, algo que le emocionó. Ella, lentamente, se fue acercando a él, y no tardó mucho en estar a su lado curando sus heridas. Ese ángel cuidó de él como nunca nadie había hecho, siempre en silencio, sin decir nada, salvo en sus dulces miradas. Así pasaron varios días en los que ella jamás se separó de él. Él, de repente, se enamoró de ella. Ella, de repente, se enamoró de él. Solo eso. Nada más pasó. Ambos sabían de lo imposible de su amor, pero ella le cuidó entregándole parte de sus poderes para que sobreviviera hasta el momento de separarse – que sería inevitable.

Ella, limpiando una herida de su cara, recibía sus miradas con desorden. Cada vez parecía menos siniestro, y sus ojos mostraban una belleza escondida que ella quiso encontrar, pero él se negaba, ocultándola siempre. Cansada de las negativas de sus miradas ella intentó besarle. Él apartó su cara.

-Nuestro amor es imposible – dijo él, deseando besarla – yo soy de la noche, y aquí siempre es de día. Yo no podría vivir aquí, y allí abajo, entre tanto fuego tus alas se quemarían. Ella no dijo nada, cogió su cara entre sus manos y le besó tiernamente. El calor de sus labios y el frío de los de ella crearon humo a su alrededor, y a ambos gustó el beso. Después del beso se miraron y soltaron alguna lágrima. Sabía que lo que él le dijo era cierto, pero también era cierto que allí siempre era de día y que ella era eso, una criatura de día… Allí siempre cuidaría de él… Y siempre le esperaría, aunque solo fuera esporádicamente. Merecería la pena.

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .