OTRO CURSO QUE EMPIEZA

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Los niños, como les pasa a los girasoles, sólo se aterran, y desean huir, cuando se giran y no encuentran el sol que siempre guía sus pasos… Por eso esos niños eran tan felices allí, en aquel campo de hierbas frescas y pupitres de colores, en aquel mágico lugar donde el sol les llevaba siempre cogidos de la mano.
Y es que, aquel maravilloso lugar al que ellos llamaban cole, pero que en realidad no era sino una prolongación más de su propia casa, era como un campo soleado donde siempre era primavera… Aunque afuera llovieran mares.
Ellos, a su lado, al lado de ese sol en torno al que giraban día a día, no tenían miedo y se sentían seguros, y querido… Y eso es lo más bonito que se le puede decir a un niño… ¡Y a una maestra! ¿A que sí?

Dedicado a Cristina, la maestra de las maestras y con la que ya hemos acabado ciclo. ¡Te queremos!

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