Pide un solo deseo

Hace tiempo me dejaron  pedir un deseo. El genio no salió de ninguna lámpara mágica, ni siquiera se me apareció en uno de mis sueños. El genio de los deseos se me apareció en una flor en el campo, y allí me dijo que pensara bien el deseo antes de soplar porque sólo tendría un deseo, y no tres como dicen los cuentos…
Recuerdo poco de aquel día, pero sí recuerdo que no pude vaciar mi mente por más que lo intentara cerrando los ojos. Al hacerlo, tomando aire para soplarlo, primero apareció en mi mente su pelo, después su boca sonriente, sus rodillas, y, finalmente, su nombre…
Y el deseó se concedió.

Fue, con el paso del tiempo, cuando comprendí que era ella mi genio de la lámpara, y  la encargada de concederme esos tres deseos que, por cierto,  ya están aquí, con nosotros.

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