ESPALDAS, SEGÚN RENOIR

Las espaldas que pintaba Renoir (en este caso) o el gran Degás parecían playas tranquilas donde apetecía pasar la mano, cubrir la superficie, y pasearla, como si de un catamarán se tratara… Algo así le pasaba a él cuando despertaba a su lado, y se encontraba con ese mar de lunares que siempre salpicaba sus manos y donde podía mojarlas tranquilamente mientras ella seguía durmiendo.

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