AUTORRETRATO

Es verdad que nunca fue muy  listo, pero sí que siempre fue feliz.
A lo mejor era por eso. Y es que, en su cabeza no había “na”
ni cerebro, 
ni cerebelo,
ni lóbulos frontales,
ni temporales, ni parietales, ni occipitales…
Tampoco había corteza cerebral,
ni mucho menos eso que llaman el tronco del encéfalo.

Su cabeza – o su cabecica, como decía su madre – estaba llena de agua salada.
A veces parecía incluso inundada.
Y a veces, la mayoría, con fuerte oleaje.

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