CARTA A UNA PREADOLESCENTE SIN APUROS (AÚN)

img-20161121-wa0017.jpgQuerida hija:

Soy yo, tu papá. Ya sabes que  lo seré toda la vida, pero tienes que saber que no toda la vida estaré a tu alrededor como lo estoy ahora. Llegará un día en el que estos días tan bonitos que vivimos desaparecerán. Sí, cariño, son bonitos, muy bonitos. Y lo son porque los pasamos juntos. No todo el mundo tiene esa suerte. Sé que te parecerá un poco raro, pero escucha a alguien que, como yo, ha pasado ya por todo eso que tú estás pasando ahora. No quiero darte un sermón, créeme.
Te he dicho muchas veces que estás ante la mejor época de tu vida: el instituto. Y así es. Y por eso quiero que la disfrutes: que estudies, pero que disfrutes y que seas feliz, y creo que estamos cumpliendo con lo que digo. En el insti empezáis a ser mayores, pero aún sois niños, y eso te va a dar muchos privilegios que tienes que saber aprovechar y, sobre todo, disfrutar. Sí, cariño ¡DISFRUTAAAAA!

Eres una persona con suerte. No te voy a hablar de la gente que no tiene familia, ni hogar, ni de la que no puede ir al instituto. Eso ya lo sabes tú, y creo que aún no tienes edad para pensar en ello. Todo a su tiempo. Yo tampoco pensaba en eso a tu edad, pero mis padres me hablaban de ello; y ahora, cuando yo soy ellos, recuerdo todo aquello que me decían, y la razón que tenían.
Sí tienes que pensar que eres una persona lista, que no te cuesta demasiado aprobar y sacar tus cursos, trabajando, sin matarte, y que eso te permite tener mucho tiempo para tu móvil, para tus juegos, para salir con amigos por la plaza, para tener tus vacaciones merecidas. Ya sabes lo que pienso de que pases tanto tiempo con el móvil. No es bueno para ti. El móvil es bueno para muchas cosas, y me gusta que lo tengas – por eso te lo compramos – pero no quiero que dejes de disfrutar de muchas cosas por estar enganchada a él. No puedes dejar de disfrutar de una charla en la mesa, o de una visita a la familia, o de un estupendo día de playa, por culpa de él. Disfruta de él, a su momento. No dejes que sea él quien decida todos tus momentos… Cariño, todo lo que puedas ver en el móvil siempre lo podrás ver un rato después; En cambio, una charla con tus abuelos, con un amigo, o incluso con tu padre o madre, a lo mejor no vuelve.

Piensa esto que te voy a decir ahora: Yo también he tenido tu edad, y  no hace mucho vivía a 500 kms de aquí, junto a mi papá y mi mamá, junto a mis tres hermanos, y pasaba todo el día con ellos. Reíamos, peleábamos, hacíamos deberes, jugábamos, pero siempre estábamos juntos al final del día, o  la hora de comer, incluso cuando nos despertábamos. Han pasado muchos años de eso, y aquello que parecía que duraría toda la vida, de repente desapareció. Sí, cariño, me hice mayor. Dejé de ser hijo pequeño, y me hice adolescente, pero mis padres seguían allí, y mis hermanos. EStaba en la calle, me gustaba jugar con mis amigos, pasarlo bien, pero siempre volvía a casa, y siempre estaban allí esperándome. Papá (tu abuelo) estaba todo el día trabajando para que nada nos faltara. Mamá (tu abuela) hacía malabares con su tiempo para ayudarnos, hacernos la comida, comprarnos ropa, y darnos todo su cariño, que es el que aún siento ahora. Mis hermanos (tus tíos, esos que tan lejos viven ahora, y con los que apenas paso si unas horas al año) estaban siempre ahí, como lo están ahora tus hermanas, esas con las que tanto te peleas a veces, esas con las que tanto te diviertes otras, y esas a las que siempre – hazme caso – echarás de menos y recordarás con melancolía.
Después me casé, me fui de casa, y emprendí otro viaje. Mis padres siempre están ahí, y mis hermanos, pero ya no puedo ducharme, o lavarme los dientes, y escucharlos como te pasa a ti ahora. ¡Disfruta también de eso! ¡Disfruta de África y de Cruz!

Cariño, disfruta, sé adolescente, pásalo bien con tus amigos, estudia, pero no olvides que estamos aquí, y que te necesitamos también a ti. Papá y mamá quieren oírte, que les cuentes todo aquello que les quieras contar (todo no se le debe contar a un padre) y quieren verte sonreír, y no pelear. No lo olvides cariño, porque un día – y no será muy muy lejos. aunque por suerte aún te queda tiempo – desapareceremos de tu entorno. No despareceremos de tu vida, pero sí de tu día a día, y, créeme: nos echarás mucho de menos. Y nosotros más a ti.
Cariño he aprendido que  la vida no se detiene. La vida sigue, siempre continúa, y deja atrás todo aquello que pasa. Vívela, pero recuerda que hay cosas que nunca volverán: como el abrazo que te voy a dar ahora mismo, cuando termines de leer esto y vengas a la cocina a verme. Dentro de muchos años, cuando necesites mi abrazo, a lo mejor – como me pasa a mí ahora – papá estará a muchos kilómetros de donde te encuentres.

Podemos comprar todo, menos el tiempo: ese pasa y no vuelve ya. Sólo en forma de recuerdo… ¿Quieres no tener esos recuerdos? ¿A que no? Vive con nosotros todo lo que puedas, y todos esos momentos, como me pasa a mí ahora, volverán. ¡Nunca se van!.

Te quiero. Papá. ¿Vienes a por ese abrazo?

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