MUERTES ANÓNIMAS QUE DEJAN DE SERLO: Evelyn Mchale

Cuando Evelyn dejó a su novio para volver a casa apenas quedaban dos meses para su boda. Todo parecía ir bien. Todo parecía rodearla de felicidad. Evelyn tenía un padre estupendo, seis hermanos a los que adoraba, una madre que se había ido de casa, y un novio aviador que podría darle más de lo que nunca quisiera, pero… ¿Alguien sabía lo que ella realmente quería? ¿Lo sabía ella misma? De pronto se vio junto a la estación de tren, y, sin saber por qué, decidió coger uno que le llevara a Manhatam. ¿El motivo? No había motivo. Su misma madre, unos años atrás, recién llegada de California, había hecho algo parecido: se levantó una mañana, cogió sus cosas, y abandonó al bueno de Vincent.
Evelyn no sabía qué fuerza le empujó a no volver a casa ese día. No pensaba en su padre, ni en su futuro esposo, ni siquiera en esa pequeña vecina a la que cuidaba de vez en cuando… Evelyn, ese día, pensó en su madre, y se convirtió en ella sin siquiera quererlo.
Al bajar del tren caminó por las calles hasta llegar a ese viejo hotel donde su misma madre se había alojado cuando les abandonó. ¿Qué hacía allí? – ella misma se preguntó después de guardar en el bolso una nota que ni ella misma sabía haber escrito.
Después salió del hotel y caminó de nuevo hasta encontrarse con el imponente Empire State Building, y recordó aquella novela donde su protagonista subía a la planta 86 del edificio para acercarse más  a Dios y pedirle una respuesta que arreglara su vida. Sin pensarlo sacó un billete y allí subió.
Rodeada de gente, la joven de 23 años, guapa, y seria, levantó la mirada y preguntó a Dios qué le depararía ese futuro que no terminaba de ver con claridad. Ese mismo Dios le mostró a ella misma actuando como su propia madre, abandonando a un marido bueno y a unos hijos que tanto la necesitaban. Ella se resistió. Ella nunca haría algo así, pero la imagen volvió a sus ojos…
– Mamá, mamá… No te vayas – gritaba su pequeño, agarrada a sus pies, que no dejaban de caminar…
Entonces subió a la barandilla mientras la gente de su alrededor gritaba. Después de un golpe seco, el silencio envolvió a la joven. Ya no era consciente de los gritos a su alrededor. Con la mano izquierda agarrando firmemente su collar de perlas, perfectamente maquillada y peinada, Evelyn Francis McHale voló hacia ese Dios que la llamaba. Unos segundos después yacía inerte en el techo de uno de los Cadillacs oficiales de las Naciones Unidas, como envuelta entre mullidos almohadones.
Abriéndose paso entre la muchedumbre congregada alrededor de Evelyn, un agente de policía logró acercarse al cuerpo de la joven y descubrir que, dentro del bolso que portaba, había una nota manuscrita: “No quiero que nadie de mi familia o amigos me vea así ¿Podrían incinerar mi cuerpo? Les ruego a ustedes y a mi familia que no organicen ningún servicio religioso para recordarme. Mi prometido me había pedido matrimonio en junio, pero creo que yo no sería una buena esposa para nadie. Él estará mucho mejor sin mi. Díganle a mi padre que tengo muchas de las tendencias de mi madre”.
Era 30 de abril de 1947 y Evelyn había acabado con su vida a los 23 años de edad. Nuevamente, el rascacielos más emblemático de la ciudad servía como trampolín suicida, pero esta vez un joven estudiante de fotografía, de nombre Robert C. Wiles, estaba en el lugar oportuno y en el momento preciso para fotografiar el cuerpo sin vida de Evelyn y conseguir una imagen que sería portada de la revista LIFE y pasaría a la historia como sinónimo de belleza trágica…
fotografias historicas raras 16

Un comentario en “MUERTES ANÓNIMAS QUE DEJAN DE SERLO: Evelyn Mchale

  1. Que respeto les tengo a todas las personas que se suicidan.
    Que sentiran en su interior para llevar a cabo el fin de su vida.
    Tener tan claro que ese momento es el final de su vida, pero es lo que quieren y lo realizan sin titubeos.
    Sin embargo a todos aquellos que intenta suicidarse y no lo consiguen es porque en el fondo no creo que quieran quitarse la vida, tan solo llamar la atención. Y también es preocupante.

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