el largo pasillo

 

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Siempre que ella recorría ese largo pasillo que tan nerviosa la ponía se sentía otra persona totalmente diferente. Siempre se hacía la misma pregunta: “¿Cómo puede alguien como tú estar haciendo algo como esto? Y es que era como si ella misma estuviera leyéndose en una novela, o viéndose en una película que nada tenía que ver con esa ella que siempre había conocido y cuidado. A cada paso una frase diferente, un sentimiento nuevo, un remordimiento y una emoción indescriptible, y eso le hacía sentirse casi inmortal en esos momentos en los que, por fin, iba a dar rienda suelta a su otra ella, a esa que nunca había sido capaz de vencer sus miedos más primigenios. Si ese hombre le apetecía tanto era por algo, y nada tenía que temer… Después de todo estaban allí para hacerse sentir bien el uno al otro. De lo contrario se daría la vuelta y volvería a subir a ese coche que tanto le costó arrancar esa fría mañana de enero. Eso sí, ese sentimiento de culpa y de emoción, no era el mismo al llegar que al marcharse… Cuando llegaba su cuerpo volaba, empujado por la emoción, el miedo y el deseo, y hasta era capaz de percibir el aroma de ese hombre, y saber en la habitación que esperaba sin necesidad de mirar el número de la puerta.
Al marcharse, hasta las finas lágrimas que derramaba parecían arrastrarla por la moqueta que iba pisando… Y sólo deseaba que fuera ya otro día, y volver… Y no irse más.

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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

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