TODOS SEREMOS HERMINIA.

Herminia tiene ya – nada más y nada menos – que ochenta y seis años. Ese podría ser, sin duda alguna, un buen motivo para estar feliz, para sentirse una mujer dichosa, pero Herminia está triste. Herminia sabe ya que está al final del camino. Ha sido un camino largo, seguramente no muy fácil, pero también repleto de vida, de décadas, de lustros, de años, de meses, de días, de horas, de minutos, y de segundos que – ahora sí – sabe que ya no volverán nunca más.

Su marido – ese hombre con el que compartía los rincones más oscuros  de sus inviernos, y los ventanales más luminosos de sus veranos – acaba de morir, y, además, con esa muerte  le han arrancado también su vida entera, porque ya no puede quedarse sola en esa casa que construyeron veinte años atrás para tener una vejez más cómoda. Herminia no puede quedarse en su Galicia natal más tiempo. No puede hacerlo porque estaría sola, y su hijo no se lo va a permitir. ¿Cómo va su madre a vivir sola en esa casa estando en el mundo él? ¡Ni hablar!

Aún es pronto. Herminia está triste por ese cambio tan drástico que ha sufrido su eterna vida, y por ese final… Eso es lo que piensa Herminia ahora, pero no sabe que es una mujer afortunada, porque es precisamente ahora cuando va a recuperar aquella época que, sin duda alguna, fue la mejor de toda su vida; esa época en la que podía pasar el día entero con lo más importante que ha tenido nunca, y que la misma vida le arrebató al dejar que se hiciera mayor, y abandonara su hogar para buscar una vida diferente.

Herminia, muchos años después, es una mujer con suerte, una mujer que ha vuelto a recuperar a su pequeño Carlos, y con él vivirá los segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, o años que le queden por vivir.

¡Buena suerte, querida Herminia! Y mi homenaje a tu hijo y a su mujer por devolverte el regalo que nunca dejaste de hacerle.

 

 

 

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7 comentarios sobre “TODOS SEREMOS HERMINIA.

  1. hace poco se murió mi madre. Tenía 83 años y mi padre piensa que se ha quedado solo. Soy su única hija y le he traido a mi casa. Mi esposo es genial y no ha dudado en consentirme ese deseo tan grande. Mis padres cuidaron de mí de pequeña, y de mayor, y creo que lo que dices es una verdad como un templo de grande y que nos toca a nosotros cuidarles y devolverles.

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