LA MAGIA DE UNA BUENA MAESTRA

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Cuando África llegó a clase estaba triste. Acababa infantil, dejaba a Cristina, y se enfrentaba a eso que llaman hacerse mayor. Todo eran cambios. A Mohamed le pasaba igual.  A Hamza le dijeron que en primaria tendría que cambiar de compañeros. Sofía temía no seguir jugando en el patio con los de siempre. A Victor, su hermana mayor le dijo que ya no sería todo jugar. La magia de infantil desaparecería… Era hora de dejar de jugar y empezar a trabajar ¡Qué equivocados estaban!
Al llegar a clase Celia descubrió que todo seguía más o menos igual. En su clase las mesas y las sillas eran las mismas, al igual que la pizarra. David descubrió que todo era igual en ese pabellón que tan misterioso les parecía hacía un año.
Yassin, como el resto de los niños y niñas de su edad, se levantaba todas las mañanas en su pequeña cama para ir al colegio. Al bueno de Iván le gustaba mucho ir al cole, y sabía que todo seguiría siendo igual. Los dos Danieles (De Eugenio y Guerrero) lo supieron también al ver a Laura, su nueva profe, que parecía un ángel, aunque hablara tan raro y en otro idioma.Y si le gustaba tanto era porque su cole no era sino una prolongación de su propia casa.
Las mañanas de Naomi eran mañanas llenas de alegría, como así tendría que serlo durante el resto de su vida.
Para la buena de Inés, hacer fichas junto a Érica era algo que le hacía sonreír sin poder disimular.
Jugar con plastilinas mezcladas con las manos de su amigo Marcos era – como ella decía – un gustazo.
Al risueño Pelayo le gustaba hacer dibujos con Lope y Kevin, y cuando lo hacían era igual que cuando coloreaba en la mesa de su dormitorio.
Para la morena Carmen, estar en el patio del Duque de Rivas era como jugar en la plaza  de los Arcos con Lucía, o en el parque del Olivar con Álvaro.
Y para colmo, su profe – la gran Laura – era como una amiga más, pero mucho más alta y mucho más guapa. Y además, esa mujer era mágica…  ¡lo sabía todo!.
También Rodrigo podía compartir mañanas repletas de juegos y músicas con  Robert y Erik, deseosos tan sólo de aprender, disfrutar y compartir.
Y si todos estos niños eran inmensamente felices era precisamente porque todos eran amigos. Ni más ni menos. Sin duda, era en brazos de ese noble sentimiento descansaba su felicidad.
En los recreos Lope, Sofía, Lucía,Rodrigo, Álvaro, Iván, y Víctor jugaban un día a la pelota contra África, Carmen, Kevin, Marcos y Érica, marcando goles e imaginando que eran la delantera del Sevilla un día, del Atleti otro…
Otro día Mohamed, Hamza, , Yassin, y Robert  se divertían lanzando pelotazos junto a  nuestros dos Danieles, Celia, Pelayo, Naomi,   a diestro y siniestro… ¡Si las paredes del Duque de Rivas pudieran hablar!
Otro día  David e Inés echaban carreras con  Erik, África o Lope, o jugaban a Pokemon.
Pero, un buen día, alguien del nuevo patio de los mayores se empeñó en que nuestro amigo Lope se hiciera mayor y abandonara su feliz mundo de fantasía.
Unos dedos señalaron a sus amigos Mohamed, Hamza y Yassin . Y la boca de esos dedos gritaron un extraño nombre que Naomi no supo identificar .
Ese es  EXTRANJERO – oyó. Al igual que África, que decían que era también de fuera.
¿Exrtran… qué?  Ellos no eran eso. Ellos eran sus amigos.
Hubo hasta quien le insinuó que las niñas jugaban con las niñas, y que, por lo tanto, los niños sólo jugaban con los niños. Entonces ¿Sofía, Iván, Robert, Daniel de Eugenio, Carmen, Érica, Marcos yLucía ya no podían jugar juntos? ¡Menuda tontería!
¡Qué cosas más raras! – pensó la incrédula Celia. A ella le gustaba jugar con sus Amigos. … Con Álvaro, con Kevin, con David, con Inés, con Erik ¡con todos!.
¿Niños? ¿niñas? ¿extranjeros?  Rodrigo, Pelayo, y Daniel Guerrero,no entendía nada de nada… pero tampoco quería hacerlo.
Ellos eran más felices cuando Yassin no era extranjero, sino su amigo. Ellos eran más felices cuando África no era andaluza, sino su amiga. Ellos eran más felices cuando no había niños y niñas, sino amigos. Ellos eran infinitamente más felices cuando las diferencias con sus amigos  las marcaba no el color de su piel, ni de sus ojos, ni de su pelo, y mucho menos el lugar donde habían nacido, sino las ganas que tuvieran o no de jugar con ella. Todos eran iguales,  pero todos eran diferentes.
Laura, la maestra más maravillosa – esa que pone y quita puntos y les ayuda con todo su cariño – les explicó eso que ya sabían de antes, y que no tenía porqué ser algo malo: eso de que no todos eran iguales.  Ser diferentes no es nada malo. Ella misma era diferente a ellos (era maestra y mayor) y les quería con locura (y ellos a ella)
-Chicos, no es malo ser diferentes. Así todos podemos aprender de los demás. Unos tenemos los ojos azules, otros negros, unos rubios, otros morenos, unos altos, otros bajos, unos niños, otros niñas, unos maestros, otros alumnos… ¿Y por eso vamos a dejar de querernos? ¿Verdad que no?
– nooooooooo – dijeron todos, olvidando esa tontería, y siguiendo con su maravillosa vida, dentro de esa preciosa clase de primero A, y de ese estupendo colegio llamado Duque de Rivas.

Y colorín colorado, de amigos me he llenado

Y colorín, colorete, si no te gustan… vete

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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

1 comentario en “LA MAGIA DE UNA BUENA MAESTRA”

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