A CARMEN, A CRUZ Y A ÁFRICA

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MIS NIÑAS CRECEN, COMO UN DÍA CRECÍ YO
Si ahora mismo me concedieran un único deseo ¡El que fuera! no me lo pensaría mucho. Si pudiera pedir uno sería sólo para vosotras tres, sin ninguna duda. Y ya que puedo, pediría para vosotras cualquier posibilidad de todo lo que hasta ahora ha sido considerado como imposible, para poder devolveros lo mismo que hicisteis vosotras conmigo: hacer posible lo imposible del AMOR (con mayúsculas, ese que nada tiene de egoísta)
Y pensando en ese deseo, me gustaría que fuerais vosotras tres quienes pudieran realizar ese sueño primigenio, y tan contemporáneo, de todos: el sueño de hacer que en el terreno virginal de vuestras espaldas nacieran dos alas para que pudierais hacer uso de ellas siempre que lo desearais… Sólo en ese caso.
Y que pudierais volar a cualquier lado al que quisierais ir… y que pudierais huir de cualquier peligro que os acechara y que estuviera lejos de mí… Y que pudierais ver todo desde arriba, sin que nadie os pudiera tapar el brillo del sol, y sin que nadie os dijera qué mirar, dónde mirar, y cómo mirar… 
Cuando os pase – estoy seguro de que algún día os sucederá – no tengáis miedo alguno. Simplemente, dejaos llevar, cerrad los ojos, avanzad sin miedo y dad tres o cuatro pasos… No más.  Después cerrad los ojos otra vez, confiad, sentid el aire sobre vuestra mejilla, y notareis – al momento – cómo una mano amiga os empujará suavemente hacia arriba.  
Cuando abráis de nuevo los ojos os descubriréis nadando entre nubes, y os sentiréis ave que vuela, o, mejor aún, pez que nada. 
No dejéis de vivir allí arriba vuestro momento, disfrutadlo, pero pensad siempre que no será eterno, sino efímero – como todo lo bueno – y eso os hará disfrutarlo más.
Yo os dejaré volar, me apartaré de vuestro lado, y sólo cuando queráis volver a la tierra de nuevo, llegará mi momento. Entonces, cuando vuestras alas vuelvan a liberar esas espalditas que tanto me gusta mirar mientras nadáis en nuestra playa de nuestro Motril, y vuestros pies se hagan tren de aterrizaje, mi cuerpo entero será vuestra pista para volver a casa… A vuestra casa… A nuestra casa.
¿Qué…? ¿Voláis…?
 
pdta (ya sabéis que me gustan las posdatas): Creedme, los deseos se cumplen – ¡Todos! – A mí me pasa con vuestra abuela, que aunque no está aquí a mi lado, así la siento siempre, empujándome para que no deje de volar en ningún momento.
A Carmen, a Cruz, y a África… 
Y a “la Carmencita y al Fernando”
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3 comentarios en “A CARMEN, A CRUZ Y A ÁFRICA

  1. Anónimo dijo:

    hay en tus escritos siempre algo que no deja de sorprenderme. Es igual si escribes un cuento, una carta de amor, algo macabro, o algo para tus hijas, y es que siempre hay ternura en todo lo que escribes. ¿Es por eso por lo que se te ve una persona tan feliz? El otro dia un amigo que te conoció me dijo eso: este tío tiene cara de feliz y de buena gente

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