AMOR DE INSTITUTO

Cuando Marta abrió los ojos la primavera ya había amanecido, pero sólo dentro de su habitación. Mirando a su armario observó un pequeño pájaro que se había colado por la ventana, y desde allí la observaba. Marta se sobresaltó, y el pobre pájaro revoloteó por la habitación hasta salir por la ventana abierta. Por allí se marchó, dejando caer una de sus plumas. Marta miraba cómo caía lentamente, flotando, como si estuviera sobre la espuma del mar, y el aire que el revoloteo había levantado la llevó hasta su cama. Marta extendió la palma de su mano y la pluma se posó suave, haciéndole unas cosquillas que le hicieron sonreír, y casi emocionar.
Con la pluma entre sus dedos se acercó a la ventana, después la posó sobre la palma de su mano, la besó dulcemente, y sopló con los ojos cerrados pidiendo que llegara hasta el destino deseado. La pluma flotó y voló mientras Marta observaba cómo se alejaba por entre las calles, pero en la dirección deseada.
Cuando aquella misma tarde, al volver del instituto, Marta abrió su libro y vio aquella pluma justo entre las hojas del tema que tenía que leer, un halo de emoción recorrió todo su cuerpo. Estaba prensada junto a una nota con un corazón dibujado al lado del nombre de Carlos, y una lágrima de emoción recorrió su joven rostro.
Esa noche, por si acaso, volvió a dejar la ventana abierta, y Carlos, en forma de pájaro, acudió una vez más para vigilar sus sueños.

Para mi Lílola

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