LAS SIRGUERAS (para el que sigue pensando que la mujer siempre fue menos que el hombre)

las sirgueras (de la palabra sirga, que es una cuerda gorda) eran mujeres que, a finales del siglo XIX, en el puerto de Bilbao arrastraban las embarcaciones llenas de mercancías y minerales, realizando el trabajo de ya no los hombres, sino de las bestias.

La mujer siempre estuvo ahí. Ahora por suerte podemos saberlo y verlo.

Vivir, convivir… ¡Qué difícil lo hacemos a veces!

Es duro cuando sabes que el otro quiere marcharse, y tienes que intentar convencerle para que no lo haga… ¡Cuando deseas que se quede para siempre! Pero también es duro cuando sabes que llegó la hora de marcharte, pero no sabes cómo hacer para no lastimar más de lo imprescindible…

Esto de ser humano es difícil a veces ¿no?

Vivir, convivir… ¡Qué difícil lo hacemos a veces!

A veces, estamos tan acostumbrados a que LOS AMIGOS nos salven, y nos saquen de esos hoyos que nosotros mismos nos cavamos, y donde nos metemos, que no nos damos cuenta de que, al final, podemos terminar ahogándolos con nosotros.

Seamos justos, abramos los ojos, y pensemos más en ayudar que en ser ayudados. Ayudar a los amigos es otra manera de que nos ayuden.

Vivir, convivir… ¡Qué difícil lo hacemos a veces!

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Que un corazón no lata siempre al mismo ritmo, al mismo compás, y con la misma fuerza – o brío – del principio no quiere decir que no tenga que seguir latiendo. El corazón de una persona, como todo lo demás, como la persona en sí misma, va deteniéndose con el paso del tiempo, va cambiando, va madurando, y toda esa arena que ha ido pasando a través de su reloj sigue allí para siempre, depositada en un lugar del que nadie ya podrá sacarla… Ni siquiera si ese corazón se parara por completo.

¡Qué bonito es que dos corazones latan juntos! Aunque no lo hagan al mismo compás.

 

 

 

 

 

Vivir, convivir… ¡Qué difícil lo hacemos a veces!

Hay gente que está atada, y vive ¿condenada? sólo a mirarse,  siempre a buscarse y no encontrarse, y nunca a poder tocarse… Esa gente no se da cuenta que realmente está atada a esa otra persona, y que, precisamente por ella, tiene que permanecer así… cercanamente alejada, o alejadamente cercana.

La Virgen y el Niño repartiendo pan entre los sacerdotes

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Nunca fui muy de Murillo porque nunca me han llamado las pinturas religiosas (exceptuando algunas auténticas maravillas) pero el otro día, en la expo “Budapest” del Thysssen me quedé maravillado con esta cuadro. Cuando te sitúas frente a él no puedes dejar de mirar cada detalle.

Óleo sobre tela, 219 x 182 cm (1678 – 1679) Budapest. Museo de Bellas Artes. Szépmüvészeti Múzeum