Mi trozo de mármol

Cada vez que pasaba un rato junto a ella mi mente abandonaba mi cuerpo, viajaba hasta su mismo ser, se escanciaba sobre ella, y sus ropas se deshacían como si de azucarillos se tratase. Era entonces cuando, sin saber hacerlo, terminaba esculpiéndola… 

Al final, cuando mi mente volvía a mi cuerpo, era ella quien me dejaba a mí de piedra.

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2 comentarios en “Mi trozo de mármol

  1. a mí me da pena que la musa que nosotras presuponíamos no fuera realmente su musa. Yo estaba convencida de que era ella, por lo que representaban cuando los veía juntos. Una auténtica pena, pero está claro que su verdadera musa tiene que ser muy poderosa, y me alegro por él porque la tenga.
    Aun así les echo de menos. Me gustaban

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