EL TREN LLAMADO “EL BESO DE LAS 23:55”

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Tenía que marcharse ya. No le quedaba más remedio. Es verdad que no le apetecía mucho hacerlo, pero, a veces, las cosas no son como uno quiere que sean ¿verdad? Ella  estaba feliz, pero no del todo. Se iba a casa, donde tanto le gustaba estar, pero allí dejaba algo que también le empezaba a gustar demasiado… Mirando atrás vio cómo allí se marchaba  ese tren que quisiera coger alguna vez… Allí se marchaba, una vez más, ese tren que tampoco cogería esta vez. A ese tren ella le llamó, ese día, “el  beso de las 23:55”

¿Quién sabe?  A lo mejor mañana…