CUANDO ALGUIEN MUERE DOS VECES…

FB_IMG_1485886374603El día que murió María nadie sabía que ninguno sabía la verdad de a quien estaban enterrando… Todos eran víctimas de su engaño, o mejor dicho, del engaño de un desgraciado accidente. Ni siquiera su esposo, ni sus tres hijos, ni sus siete nietos sabían aún que realmente no era María quien estaba en aquella caja de pino. Esa mujer que estaba en el ataúd era otra persona… En realidad sí que era ella, pero María nunca fue su verdadero nombre.
Ni siquiera sus padres, cuando murieron, supieron que esa hija que dejaron sola no era María, sino Ángela, esa hermana gemela, exactamente igual, con la misma voz, con los mismos gestos, pero tan diferentes en el carácter, y a la que siempre había admirado y querido tanto.
Todo fue muy rápido, ni siquiera ella misma lo pensó cuando lo hizo. Todo fue por culpa de aquel cambio de bolso, y de un accidente que le dio una vida que ya creía acabada.
Ángela no podía más. Acababa de cumplir treinta y dos, y su vida ya no daba más de sí… Había llegado a su propio límite. Durante más de un año había estado madurando la idea… Irse para siempre, pero irse de una manera muy diferente a la que, en un principio, había planeado. Al principio pensó en marcharse del país, incluso del continente, pero esa sería ya la cuarta vez que lo hiciera… ¿Por qué iba a servir esa vez? Este nuevo viaje sería definitivo, sin billete de vuelta… ¡Marcharse de verdad para siempre! La idea surgió cuando descubrió que los frenos de su coche no funcionaban bien, y a punto estuvo de tener un accidente. Desde ese día no lo volvió a coger, a la espera del día definitivo.
Por eso llamó a su hermana María, la culpable de todos sus males, y la “otra única” persona a la que quería por encima de ella misma. No podía marcharse, quitarse la vida como había programado, sin decirle nada a “su todo”.
Fue ella misma quién la llamó a su trabajo, para que la visitara antes de ir a casa. Ángela le iba a decir a su hermana que se marchaba del país para nunca volver. No podía decirle que se iba a suicidar – no se lo permitiría – pero sí tenía que dejarle claro que nunca más se verían, que no podía seguir allí más tiempo… ¿Cómo contarle a su hermana que estaba locamente enamorada de su marido, que no podía dejar de pensar en él desde hacía años,  y que sería capaz de cualquier cosa por ocupar la vida feliz de su adorada hermana?
María tenía dos hijas pequeñas, un buen trabajo, y el mejor marido del mundo… Y ella, jamás haría nada que pudiera dañar a su gemela menor… ¡Jamás!  Por eso siempre prefirió alejarse, mantenerse lejos de ese hombre que hubiera podido hacer con ella lo que quisiera, y por eso tomó esa drástica decisión.
Ya no podía más. Sufría lo indecible, no dormía por las noches, y sus miserias habían vencido la cruel batalla a las alegrías, que ya parecían encarceladas, o desterradas, para siempre.
Ángela había luchado y sufrido para acabar con aquel infierno llamado Roberto. Sólo ella lo sabía. Había acudido a más de una docena de psicólogos, había evitado el contacto, las reuniones familiares, incluso esas vacaciones en aquella casa de Calahonda tan cerca del mar que tanto le gustaban.
Sentada frente a su hermana, con las manos cogidas con fuerza, prefirió decirle que se iba por amor, que había conocido a un hombre muy lejos, y que se iba, pero que nunca más volvería. María no lo podía creer.  Se abrazaron, lloraron juntas, y Ángela le regaló las ropas que tanto le gustaban a su hermana. Donde iba no las necesitaría. En realidad allí no necesitaría nada… La decisión estaba tomada.
Antes de irse de casa de su hermana María se puso ese traje de flores que tanto le gustaba.
– ¿Me lo puedo llevar puesto?
– claro que sí. Me encantaría – dijo su hermana, evitando las lágrimas. Al verla con ese vestido se imaginó llegando a casa, y a Roberto quitándoselo.
Se despidieron con un abrazo lleno de lágrimas. Ángela se sentía desolada. María no. María pensaba que pronto volverían a verse… No era la primera vez que su hermana hacía algo así.
Cuando María se fue, Ángela se dispuso a escribir la carta más dura de su vida, pero el sonido de la puerta le alertó. Al abrir se encontró a su hermana con esa cara de que algo no funcionaba y que necesitaba un favor.
– El coche… No arranca.
Ángela le prestó el suyo. Tampoco lo necesitaría ya. Mirando a su hermana por la ventana lloró por última vez. Verla en su coche era como verse a sí misma, hasta que desapareció.
Varias horas después estaba todo dispuesto por fin. Era la primera vez que no tenía miedo. La decisión estaba tomada. De pronto el teléfono del bolso sonó con macabros tintineos. Al cogerlo comprendió que ese bolso no era el suyo, sino el de su hermana, que lo había cambiado por error. En la pantalla azul pudo leer el nombre de Roberto, el marido de su hermana, y su único amor de esa vida que pronto iba a desaparecer. No quiso cogerlo, pero la insistencia hizo el resto.
– Diga – contestó seria
– María, cariño… Tengo algo que decirte
– ¿qué?
– tu hermana Ángela… Ha tenido un terrible accidente con el coche
– ¿qué….?
Ángela no supo qué hacer, o decir. Ella fue al hospital con la idea de aclarar el error, pero al ver a Roberto, y recibir ese abrazo, todo cambió… Ella sólo calló. El resto fue más fácil de lo que pueda parecer. Hasta a sus padres les costaba diferenciarlas…
Ángela quiso decir la verdad, gritar que ella no era María, y llorarla, pero ese beso que recibió de Roberto le hizo olvidar todo por un momento, y dejarse llevar… Al menos por unos instantes. Pero los instantes se hicieron horas, y luego días, y luego semanas, y meses y años… Nadie notó nada. ERan tan parecidas que ni ellas mismas sabían distinguirse en fotos o vídeos. Su única diferencia era su forma de ser, de actuar. María era más alegre, más loca. Ángela siempre fue más seria y taimada. Todos pensaron que el cambio de carácter de María estuvo siempre relacionado con la muerte de su hermana.
. Desde que murió nunca fue la misma – decía todo el que la conocía.
Treinta años después de aquello María volvía a morir. Todos lloraban, y nadie sabía que a la que allí iban a enterrar no era a María, sino a Ángela, otra vez.

Había uno que sí lo sabía, uno que siempre lo supo, pero que siempre calló… Así pudo engañar a su propio dolor, y disfrazarlo de una felicidad que no siempre fue completa…

Anuncios

2 pensamientos en “CUANDO ALGUIEN MUERE DOS VECES…

  1. Que manera de suplantar a su hermana María a lo grande. Se quedo con TODO y sobre todo por fin consiguió quedarse con el hombre que amaba.
    Pero pienso que ya no disfruto tanto de ese hombre a pesar de desearlo.
    La CONCIENCIA no descansa y la perdida de su querida hermana a la cual ella quería mucho, pienso que ya todo lo vería desde otro punto de vista.

    Me gusta

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s