Ser joven hoy, ayer ¡y mañana!

IMG_36608239006371.jpegQué difícil ha sido siempre ser joven ¿verdad? ¡Y qué fácil era serlo para los que ya han dejado de serlo.
Como mayor que soy ya, como padre de casi adolescentes, me toca analizarme a mí mismo antes de analizar la actitud desafiante, alocada, y la mayoría de las veces, sin sentido, de mis hijos.
Soy mayor, sí, pero no he olvidado lo que era ser joven. Estoy cansado de escuchar a gente de mi edad decir eso mismo que nuestros padres nos decían a nosotros: “Yo, con tu edad, no hacía eso” o “nosotros no éramos así”
¿Y cómo éramos? ¿No éramos iguales, con las mismas ganas de disfrutar de todo, pero sin la suerte – y el peligro – que tienen ellos de tenerlo todo al alcance de la mano? Yo me imagino la juventud en este tiempo y seguramente tendría “mejos” “mejas” “saban” y cosas absurdas como esas, y hablaría “en plan” y seguiría queriendo jugar a fútbol, como quieren hoy, y a la consola, y me comunicaría con móvil con todos mis amigos desde mi casa, como hacen ahora y yo no podía hacer. ¿Qué era mejor? Ese es el error que cometemos, al igual que cometían nuestros padres con nosotros, y al igual que estos de ahora cometerán con sus hijos.
Es fácil decir que nosotros nos relacionábamos de otra manera, que jugábamos de otra manera, que oíamos otra música, veíamos otra tele, o leíamos otra literatura… ¡Pues claro! ¿Quién va a discutir eso?
Antes de nada, y antes de divagar, me gustaría empezar todo con una pregunta clave: ¿En nuestra época había internet? Pues por ahí habría que empezar.
Internet es el invento de la humanidad, junto a la música, la rueda, o lo que queramos poner. Todos han sido importantes – claro que sí – pero qué pocos han cambiado el mundo, y su percepción, como este. Y nuestros hijos se han criado conociéndolo, viéndolo como algo natural, y nosotros no. ¿Cómo podemos compararnos con ellos? Es como comparar a los niños de la guerra civil con los que nos criamos en los años ochenta.
Pues bien, antes de hablar de los jóvenes y de su manera de vivir, habría que recordar – primero – que en el fondo no son tan diferentes a los jóvenes de todas las épocas (con sus mismas ganas de vivir, de disfrutar de la vida, y de no tener miedo a una muerte que aún no saben que existe) y – segundo – que tienen en sus manos un arma para la que no les hemos preparado a sobrevivir.
¡Qué fácil es decirle a un niño de 12 años que está enganchado al móvil cuando nosotros mismos se lo hemos puesto en las manos, e incluso lo hemos utilizado para nuestra propia comodidad (“Niño, coge el móvil y así me dejas hacer esto, o lo otro”)
Cuando nosotros éramos jóvenes – no te voy a decir nada de cuando lo eran nuestros padres – no podíamos ver algo en cuestión de segundos como les pasa a ellos. Si queríamos oír una canción había que esperar a que el locutor de turno la pusiera en la radio, o a que el disco llegara a tu ciudad. Hoy, antes de que el disco esté a la venta, ya lo tienen. Y así con todo.

También decimos que los niños empiezan todo antes de tiempo. ¿No te suena esa frase? ¿Ya la has olvidado? ¡Yo no! Yo también oía eso de: “niño, tú no tienes edad para…”
Claro que empiezan antes de tiempo. Hoy en día tienen toda la información que quieren, y la cogen a su antojo, muchas de ellas desinformándoles, y nosotros somos espectadores de todo, y solo se nos ocurre echarle la culpa a los tiempos que corren. ¡Pues esos tiempos que hay ahora son culpa nuestra, y no de ellos!
Y a todo esto hay que unir algo importante también, y que olvidamos: Uno de los cambios más importantes en nuestra vida no era el de casarse, o el de irse de casa. Para eso ya estábamos preparados. El cambio más importante es el paso del colegio al instituto, y ese cambio ellos lo hacen dos años antes de lo que lo hicimos nosotros.
Cuando nosotros teníamos 12 años aún nos quedaban dos años en el colegio, amparados por nuestros maestros y padres, y ellos ya están en el instituto, rodeados de besos, abrazos, amores, cigarros, bebidas y todo tipo de peligros que nosotros no conocíamos entonces. ¿También es eso culpa de ellos o nuestra?
Ser joven conlleva pasos que hay que dar, aventuras que hay que correr, y descubrimientos que sólo él debe encontrar. Ser joven es no tener miedo al fracaso final, y disfrutar del camino que puede que te lleve al éxito inmediato que deseas conseguir. Ser joven es vivir el presente, como si fuera pasado, y no saber que hay un futuro esperando… Un futuro que será cruel.
Y ahí es donde entramos nosotros, los que vivimos ya en ese futuro, y, como tal, queremos adelantárselo, avisarles, intentando incluso robarles ciertos pasos que, nos guste o no, tienen que dar ellos, al igual que en su día los dimos nosotros mientras nuestros padres intentaban lo mismo que ahora intentamos nosotros.
¡Y claro que tenemos que hacerlo! Al igual que ellos tienen que hacer lo contrario… ¡Eso es ser joven!
Ser adulto es vigilar todos esos peligros, intentar que estén a salvo de ellos, pero no hay que olvidar que nuestro tiempo ha pasado (el tiempo de la juventud)y que ahora les toca ellos… ¡Es su tiempo!

Ayudémosles a vivir, a descubrir, estemos con ellos, y no contra ellos, porque si lo hacemos así no serán ellos los únicos que pierdan muchas cosas… También nosotros.
Y a vosotros, los hijos: no olvidéis nuestra ventaja con respecto a vosotros. Nosotros somos mayores pero hemos sido jóvenes. Conocemos los dos lados de la vida. Vosotros sólo sois jóvenes, que no es poco, pero no es todo.

¿Qué? ¿vivimos y dejamos vivir? ¿Les ayudamos? Si queremos que nos oigan tenemos que ser sensatos, hablar como ellos, entenderles, y no empezar siempre con la dichos frasecita de “cuando yo tenía tu edad…”

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Publicado por

josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

Un comentario sobre “Ser joven hoy, ayer ¡y mañana!”

  1. Menuda reflexión.
    Yo tengo una de 15 y otra de 12. Me encanta como viven, rien, disfrutan de sus amigas y cuentan sus anécdotas con carcajadas a veces. Me veo tan identificada con ellas a su edad. Siempre feliz y alegre. Por que tenía todo lo que necesitaba. Unos abuelos dando buenos consejos y escuchando sus batallitas, unos padres protectores, pero que a la vez me daban libertad para disfrutar con mis amigas. Un grupo de amigas inseparables, las mejores, las que nunca nos traicionábamos y nos contábamos desde los mas tonto a lo más importante, que luego con el paso del tiempo tampoco era tan importante.
    Ahora las veo a ellas dos y me veo reflejada en muchos momentos.
    Ellas disfrutan de su vida y de la época que le ha tocado vivir y yo disfrute de la mía con lo que le toco a todos los de mi quinta vivir.
    En todas las épocas existen avances, bienestar, peligros, cosas buenas y cosas malas.
    Siempre ha sido así y así seguirá siendo.
    Siempre tendrán que estar alerta para que no les hagan mucho daño, y con los ojos muy abiertos y las ideas claras de que peligros hay que huir SIEMPRE, sin un “pero” o un ” yo me creía yo me pensaba”

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