MACABRA HISTORIA DE HERMANOS

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Cuando Juan, Pedro y Paco se fueron de España ninguno pensó que su infancia – una vez más – iba a jugarles una mala pasada.
Juan y Pedro eran los hermanos menores. Paco, como hermano mayor, siempre estuvo pendiente de ellos, ayudándoles en todo, y más desde que ocurrió aquel terrible accidente en el negocio familiar que les cortó el brazo a ambos. Además, para más “inri” el corte fue ejecutado por el mismo sitio… Exacto.
Desde entonces nada fue igual, y el padre de los niños entró en una depresión tremenda que acabó con su vida en muy pocos años. También, desde entonces, Paco no paró hasta conseguir que sus hermanos recuperaran sus extremidades superiores. Ese fue el objetivo prioritario de su vida.
Siendo muy joven Paco se fue a México donde fundó una empresa alimenticia que no tardó en expandirse por toda Centroamérica. Gran parte del dinero que ganaba lo empleaba en pagar los estudios de sus hermanos, que seguían viviendo en Granada con su madre.
Juan, tras terminar sus estudios, consiguió una plaza en una sucursal bancaria suiza muy importante. Pedro, el más joven, trabajaba de maestro en Inglaterra, donde conoció a su actual esposa y junto a la que se trasladó a Sheffield.
Durante años Pedro intentó conseguir la manera de que sus hermanos recuperaran sus brazos, y no paró hasta contactar con un médico de Barcelona que aseguraba el éxito en el trasplante de brazos, algo insólito en aquellos años noventa.
Pedro no paró hasta contactar con él y el galeno le prometió ayuda a cambio de una inmensa cantidad de dinero. Pasaron los años y el trasplante se hizo todo un éxito en todos los lugares del mundo, pero lo difícil era encontrar un brazo perfecto para dicha operación.
Cansado de esperar Pedro le ofreció al galeno catalán una gran cantidad de dinero para que buscara alguien que estuviera dispuesto a tamaño sacrificio. El médico, acudiendo al barrio chino barcelonés, consiguió contactar con un individuo que no dudó en prestar su brazo para que lo cortaran y lo mandaran donde quisieran a cambio de un dinero que le serviría para evitar el desahucio de su familia.
Una vez con el brazo en su poder, el médico lo envió al primero de los hermanos para que contactara con su médico para realizar el trasplante. El banquero de Zurich esperó ansioso el paquete y, al ver el brazo y leer la nota, volvió a empaquetarlo para mandárselo a su hermano menor. Éste, al recibirlo, hizo lo mismo que él, pero se lo envió directamente a su hermano mayor a México.
Cuando Pedro recibió el paquete y lo abrió no comprendió nada… ¿Para qué le habían mandado el brazo? Cuando leyó la nota del médico comprendió todo.

“Tras mucho tiempo buscando un sujeto que estuviera dispuesto a vender su brazo, finalmente tuvimos suerte con un individuo que accedió al trato. Tranquilo, no hemos recurrido a la violencia. Necesita el dinero porque tiene muchos hijos y apenas puede darles de comer. Ya sabe como son los gitanos con esto de los hijos…”

Releyendo la nota del galeno volvió a su infancia, justo antes de aquel desgraciado accidente con aquella cortadora de la pastelería donde se criaron. Fue allí donde aborrecieron esa especialidad en la que su padre trabajaba a diario, y cuyas sobras tenían que comer día tras día… Por la mañana, por la tarde, por la noche… En vacaciones, en verano, en invierno… ¡Siempre esos dichosos brazos de gitano que tanto odiaron!

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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

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