AQUEL VIEJO ÁRBOL

imageCuando el viejo Antonio volvió a su vieja casa, casi sesenta años después de aquella triste pero ilusionante partida, no consiguió llegar a ese estado de alegría que esperaba encontrar al entrar de nuevo en ella. Los nervios de los días previos al tan deseado reencuentro habían desaparecido, y aquellas mariposas que siempre tuvo – todos y cada uno de los días que tan lejos de allí estuvo – también parecían haber emigrado como él mismo había hecho décadas antes.
El viejo Antonio quiso llamar a aquel niño de rodillas huesudas y siempre manchadas de sangre y heridas, pero aquel niño ya no estaba allí.
Al entrar en aquel viejo pasillo donde seguían algunos de aquellos cuadros de paisajes de río, casa y cascada, no sintió mas que miedo, soledad y vacío. ¿Dónde estaban aquellas emociones que siempre pensó recuperar al cruzar aquel umbral que siempre recorría cogido de la mano de su mamá…? ¿Dónde?
Atravesó el viejo pasillo, con puertas a un lado y a otro. A la derecha la de sus padres, a la izquierda la de sus hermanas. Un pequeño arco hacía de puerta al salón, donde aún estaba la mesa, el sofá, y aquel sillón bajo la ventana, donde casi pudo oír a su abuela Encarna. Al lado del sillón otras dos puertas, una era la de su habitación, que daba al patio. Al final del salón otro pequeño y oscuro pasillo, con la puerta del baño a la derecha, y la cocina al fondo. En la cocina una pequeña puerta de madera… ¡Y el patio!
Allí, más vacío que la propia casa, y más viejo que el polvo que allí descansaba, descubrió que todos los recuerdos de su lejana infancia se habían ido con cada una de las hojas de ese anciano árbol limonero del patio donde trepaba a diario. Al ver el viejo árbol en ese estado terminal, sin ramas, y con el tronco ennegrecido, derramó su primera lágrima.
No fue hasta dos días después de salir de aquella casa cuando el viejo Antonio volvió a sonreír,  y fue a más de tres mil kilómetros de distancia, en su ya verdadero hogar, y gracias al dibujo con el que le sorprendió  su nieto de apenas seis años…
– toma abuelo ¿era así tu arbolito?
– ojalá, querido… Ojalá – le dijo con lágrimas en los ojos al comprender que su verdadero hogar no era un lugar, sino una gente… Como sus padres, su hija, y un niño, precisamente, como ese que le sonreía inocentemente.

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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

1 comentario en “AQUEL VIEJO ÁRBOL”

  1. Que bonito y que real.
    A veces lo que tanto anelas, lo que con tanta ilusión esperas un dia llega pero descubres que con el paso de los años todo ha cambiado ya nada es igual.
    Te invade la nostálgica porque estando en el mismo lugar ni lo reconoces aunque el sitio en si siga exactamente igual.
    Y te das cuenta que lo que tanta alegría te transmitía no era el lugar sino las personas y el recuerdo de todos los buenos momentos que viviste ahí.
    ¿A quién no le ha pasado?.
    A mí si y es un cumulo de sensaciones, tristeza, melancolia, nostalgia, decepción y realidad que todo cambia con los años, a veces no los lugares, pero sí las personas.

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