EL TRISTE CUENTO DE CÓMO SE CREA OTRO TERRORISTA MÁS

El padre conducía tarareando una canción, mirando por el espejo retrovisor, y haciendo muecas graciosas a su hijo. El niño, de la misma edad que Moussa, sonreía y se le veía feliz y cómplice con ese hombre que, vestido como él, con ropas casi intantiles y frescas, se veía dichoso. El niño estaba sentado junto a su hermana mayor, que no dejaba de jugar con un teléfono móvil mientras sonreía. La madre, sentada junto al padre, también con vestido veraniego, y descalza, cantaba con su marido y con su hijo mientras pedía a la joven que les hiciera un poco de caso. El coche, no muy lujoso, ni muy grande, circulaba por una carretera de playa. Las ventanas estaban bajadas, a pesar del calor, pero es que a esa familia le gustaba sentir el aire limpio del verano y de la playa mientras bebían todos su refresco de cola y sonreían a la cámara..
¡Cuánta felicidad había dentro de ese coche!
Sí, es verdad que se trataba tan solo de un anuncio de Coca Cola, pero cuando Moussa vio aquel espectáculo su mundo cambió. Era la primera vez que un niño de seis años como él veía un anunció así en la televisión. En su país hubo televisiones, pero antes de que las bombas cayeran y destruyeran todo. Al ver a esa familia no supo si sentirse bien, o mal… Al principio todo fue una sensación de paz y de armonía, como la música que acompañaba a esas caras sonrientes que, por cierto, nada se parecían entre ellas. Ya te digo que no podría decirte qué es lo que sintió en ese momento pero sí reconoció en él algo que nunca antes había sentido. En ese momento supo lo que era sentir envidia… ¡Y de las malas! Y con ella se sintió mal, sintió dolor, sintió rechazo a las vidas que conoció, e incluso – ¿cómo no sentirlo? – odio hacia esas sonrisas, hacia esos abrazos, incluso hacia esa niñez inocente…
-¡Eh tú – le gritó y empujó con la culata de su fusil el militar que vigilaba el pabellón donde a él no le estaba permitido entrar – vuelve con los tuyos. Aquí no podéis estar!
¿Podéis? – pensó el pobre Moussa – ¿Podéis? ¡Si sólo soy uno… ¿Por qué nos hablan así?¿Por qué somos un ente y no una persona?
¿Por qué el otro Moussa, el de la tele, podía ser feliz,y él un desgraciado? ¿Por qué ese niño tenía padres, un auto, y muchas ilusiones, y él sólo tenía ganas de morir? ¿Por qué? ¿Por qué…? De repente, si de él hubiera dependido, habría robado todo a ese otro Moussa y así quedárselo para él… ¡Sí… Arrebatárselo todo!

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Autor: josamotril

mi blog solo de relatos: http://josaliteraria.wordpress.com

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