GITANAS QUE SE MUEVEN, DE JAVI RUZ

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¿Que no te gustan mis vestidos? ¿Que son horteras? ¿Qué…? ¿Que no te gusta mi manera de mover las manos, la peineta, o la bata? Pues tampoco sé yo si lo siento mucho, la verdad.

Yo no sé si sé bailar bien o mal, si tengo más o menos estilo, si gusto más o menos, pero a ver quién me quita a mí estas terribles ganas de bailar siempre que suena la música… Y a ver quién me quita a mí lo bien que me lo paso cuando soy yo quien se cree que sabe bailar, que nadie más baila como yo, y que por eso baila sin miedo.

Si no te gusta, tranquilo… Lo entiendo, pero debes saber que yo nunca me puse a bailar por ti, ni por agradarte, ni por nada así…. Esto va por mí. Sólo por mí…

Por mí y por todo aquel que quiera acompañarme.

 

Cuadro de Javi Ruz

ME VOY PAL SUR

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Desde que vivo lejos de mi tierra he hecho de ella un paraíso, lo reconozco. Muchos me dicen que no es para tanto. Tienen razón, pero yo siempre les digo lo mismo: “Mi tierra no es mejor que la tuya; ni peor; pero es la mía, y es la que añoro”.
Mis amigos me llaman pesado… ¡Y lo soy! ¡Vaya si lo soy! Yo, durante el jodido invierno, les veo casi todas las semanas disfrutando de sus familias… Quedan a comer los fines de semana con sus padres, con sus hermanos, con sus sobrinos, e incluso con sus amigos de toda la vida, los amigos de su juventud… ¡Qué envidia me da!
Por eso me gusta esta época tanto, y nada, ni nadie, me la va a robar jamás… Ni siquiera mis hijas, que se hacen mayores, y quieren quedarse aquí un tiempo más (como es normal) Ahora llega mi turno. Por eso me gusta tanto el verano. Vuelvo a la playa donde me crié, a ese sitio donde no necesito nada más para ser feliz (mi rollo con el mar va más allá de mi propio entendimiento. No sé qué tiene pero si tuviera que elegir una sola cosa en el mundo sería él, sin duda alguna) Vuelvo con mis padres, a su regazo, a vivir otra vez con ellos – ahora con compañía – a sentirme de nuevo niño, que es como me siento cuando me despierto y sé que ellos merodean por allí, y vuelvo con mis hermanas – mi hermano, aunque allí no esté, nunca deja de estar, por culpa de esa huella que siempre dejó en mí, y vuelvo con mis medios, con mi gente, con la gente de mi mujer – mi gente también ya – con mi Belencilla, con mis sobris aragonesas, con mi Hugo al que tengo que ganarme de nuevo, con mi ahijado (al que veo menos de lo que quisiera)

¡Es mi momento!

¿Y sabes qué más? Otra cosa que no tiene precio es estar sentado todas las tardes en el rebalaje con ese amigo con el que pasaba tantas tardes de mi infancia veraniega… Estar sentados, vigilando a nuestros niños, como nuestros padres nos vigilaban a nosotros, y después brindar con una buena Cruzcampo fresquita…

¡Me voy pal sur!

fotos de amigos: El rostro del verano

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¿Si el verano tuviera un rostro…? ¿Imaginas uno? Supongo que su pelo estaría labrado con la misma brisa del Mediterráneo, sus ojos serían dos sirenas errantes, su nariz la boya donde se delimitara el peligro, su boca un arrecife, y sus labios un playa de agua dulce…

De su cuerpo mejor no hablar… Su cuerpo sería todo una toalla extendida en la arena, esperándome…

 

foto de inG

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Desde que la conocí me hubiera gustado ser  eso que siempre detesté ser… Me hubiera gustado ser todo un hombre de negocios, y ser frío como ellos, para saber un poco más de rentabilidad, de aprovechamiento de recursos, y de todo aquello que permita aprovechar más cada cosa que viva a mi lado, cada cosa que considere una inversión de presente y de futuro. Si hubiera sido un broker de los sentimientos habría conseguido dominarlos en todo momento, y habría invertido mis últimos besos y caricias de cada día en dicha inversión de deleite.
¿Que por qué me hubiera gustado ser un poco broker? Pues no sé… Supongo que porque la idea de todo buen broker es sacar siempre la máxima rentabilidad… ¡Y no se me ocurrió nunca un sitio mejor que tus mejillas, tus labios, y tu cuerpo para eso!

ESPALDAS VERANIEGAS

Llegó al fin el Verano… Tiempo de agua, toallas y espaldas echadas adrede sobre la arena…

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Espaldas de todos los colores y formas: Espaldas rubias, morenas, pelirrojas, con lunares, con pecas, rojas, negras, limpias…

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Espaldas de todos los colores y formas, pero ninguna como la suya, la única que él quisiera acariciar.

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Esa espalda es sólo para mirarla… Para soñarla… Para escribirla.
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¡

DOCTORA DEL SILENCIO


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Hay en esta vida muy poca gente – en realidad es casi un milagro encontrarla hoy en día –  que en su desnudez más íntima, en ese momento que comparte sólo contigo,  llegue a ser la misma persona que dice ser cuando tiene la ropa puesta…  Ella sí que lo era.  Ella era esa mujer que, sin hablar, decía más que todas las mujeres gritando juntas. Ella era un libro abierto que seguías leyendo aun con las tapas cerradas, y que nunca podías dejar en la estantería… ¡Siempre en tu mesita!

A lo mejor por eso la elegí*

 

* elegir: del verbo “ella me eligió a mí y yo nada pude hacer por evitárselo”