wpid-img_23394419019261.jpegLa única guerra que todos deberíamos empezar debiera ser aquella que hiciéramos sobre una cama blanca, y acompañados por el más bello de los adversarios… O aquella guerra que fuera siempre para sumar, y nunca para restar… Y siempre – siempre – hacer la guerra con un enemigo bellísimo en contra… Un enemigo que no tarde más de lo que dure el primer beso en convertirse en aliado.

HAZ COMO LA CHICA DE LA FOTO

imageHaz como la chica de la foto. ¡Verás qué bien te irá! Recuerda que es verano, y aún eres joven.  Así que, hazme caso: Respira hondo, toma todo el aire que puedas, hincha tus pulmones, abre bien los ojos y ¡al agua! Una vez allí siéntete como un pájaro por fin… Sumérgete, llega a lo más profundo, salta y… ¡VUELA!

Y, DE REPENTE, UN PRÍNCIPE.

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¿Qué…?
¿Qué dices…?
¿Que si te beso qué pasa…?
¿Que si te beso qué…?
¿Quieres que te bese…?
¿Por qué? ¿Para qué?
Vale… Está bien

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HACE VERANO

006aQI9Hgw1f7mjloyaa0g30dw07fx6kTe estaría haciendo el amor hasta que, por culpa de tus gemidos, y de mis gritos, quienes los oyeran, tuvieran que cambiarle el nombre…

Te lo estaría haciendo – sin descanso alguno – hasta que a “hacer el amor” hubiera que llamarlo de otra manera… ¿Que por qué cambiarle el nombre? porque ya ese nombre sería poco para tanto…

EL ROSARIO DE CUENTAS

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Ella, como todo buen católico que así se sintiera, mantenía a diario una lucha cruenta entre el alma y el cuerpo… Ella era joven, estaba viva, y tenía ganas de vivir, pero se mantenía encerrada en una celda a la que ella había accedido voluntariamente, pero de la que, a veces – sólo a veces – deseaba huir.

Cuando conoció a aquel nuevo miembro de la comunidad todo lo que había aprendido, y entendido, comenzó a nublarse… ¿Qué le estaba pasando? ¿Por qué de repente, alguien como ella, sentía tantas ganas de pecar? Y lo que era peor aún: ¿por qué esas ganas de abandonar toda fe a cambio de aquello que sabía pecaminoso?

Ella, sabedora de que poco tardaría en caer en la tentación de aquella mirada que hacía que todo su cuerpo temblara, redimía sus deseos tras un rosario oculto que guardaba en el más absoluto de los secretos, justo al final del cajón, detrás de la lencería que apenas usaba… Un rosario de cuentas, al que no dejaba de pedirle las mismas…

Cada noche, una oración mordida por cada uno de sus deseos más ocultos… Y después de cada una de ellas un deseo más: ¡caer en las garras del pecado!

cosas del rebalaje

wp-1484044593718.jpgSus miradas, cuando se encontraban más allá del dique de su propia cordura, divagaban meciendo entre sus pestañas siempre la misma frase:
“Ojalá alguna vez tú y yo…”.
Era después, cuando él intentaba algo más que permanecer encerrado en la jaula de esa mirada, cuando las palabras de ella detenían el avance peligroso de esas miradas, pronunciando siempre la misma frase:
“No puede ser… Tú y yo no puede ser…”

Pero ambos sabían que aunque no pudiera ser, era.